Al Mørketid por una aurora boreal (Svalbard en invierno)

Hubo un tiempo en que la noche era sinónimo de amanecer, de risas, de amigos. Hoy la noche es invierno pese a estar en un lugar donde siempre lleva alguien sandalias.  Es invierno porque al caer el sol, la gente se va a casa, se esconde… No deja de tener su gracia teniendo en cuenta que vine huyendo del invierno, del “mørketid”, de la “estación oscura”. Disfrutando de un anochecer en la playa vuelven sin embargo los mejores recuerdos de aquella negrura literal y, aunque no me mudaría, mañana mismo volaría hacia Longyearbyen para ver, una vez más, una aurora … Continúa leyendo Al Mørketid por una aurora boreal (Svalbard en invierno)

Svalbard, entre marzo y mayo

Longyarbyen, Svalbard al final de la primavera

¿ Cuando es mejor viajar a Svalbard, el archipiélago del Ártico a mil kilómetros del polo Norte? Tras haber vivido allí recomiendo entre finales de marzo y comienzos de mayo. Eso supone no poder hacer ningún crucero al norte de la isla, pues hasta junio el mar está congelado, pero puedes hacer excursiones en moto de nieve, en trineos y disfrutar del paisaje helado.

Tras el deshielo -que cada año llega antes- se puede navegar para ver ballenas, morsas y -de lejos y con suerte- alguno de los escasos osos polares que quedan (ojo, no pingüinos, que viven en el Polo Sur, no en el Polo Norte). Pero cuando el desierto helado aún permanece intacto, puedes recorrer sobre trineos tirados por perros y en ‘snowmobiles’ kilómetros de blancas colinas cruzándote con manadas de renos y quizá con algún oso.

En febrero, además, los días empiezan a alargarse hasta que en mayo, a las 12 de la noche hace exactamente el mismo sol que a las 12 del mediodía (aunque la sombra pende del lado opuesto). En julio la sombra no varía. El día es interminable y se hace imposible distinguir entre las tres de la madrugada o de la tarde, hasta el punto en que los pájaros no cesan de trinar durante todo el verano sea la hora que sea, lo que resulta bastante irritable si vives allí. En invierno, sin embargo, el ruido cesa. Llega el silencio en cuanto paras el motor de la “scooter” y entonces, si comes una galleta, crees estar haciendo rugir la tierra. Continúa leyendo “Svalbard, entre marzo y mayo”