Sitios que ver y tours para hacer en Boston (5 días)

Boston es la ciudad perfecta para adentrarse en Estados Unidos. Tiene pasado, enseña su historia con el “Camino de la Libertad”, están los Celtics, el mítico “Cheers”, los Red Sox y la elitista Harvard…

Día 1. Vuelo a Boston y visita al USS Constitution, el buque de guerra a flote más antiguo del Mundo

elconstitutionEl viaje a Boston con Iberia fue estupendo. Pese a las ocho horas que duraba el vuelo se hizo ameno gracias a la comida y merienda que sirvieron y la amplia selección de pelis y musica que se puede elegir individualmente. Ademas tuvimos suerte y no pillamos ninguna turbulencia. Eso sí, una vez en el aeropuerto de Boston uno debe armarse de paciencia. Hay que pasar otro control de seguridad en el que te preguntan para qué vas a los Estados Unidos y cuanto tiempo piensas quedarte. Para acceder a él debes aguardar una larguísima cola, con lo que merece la pena, antes de bajar del avión, ir al cuarto de baño y llevarte una botellita con algo de agua si te agobian las esperas de pie.

Por lo demás, el guardia que nos interrogó fue super amable. No lo sabíamos pero su recibimiento ya nos aventuró la hospitalidad y simpatía que encontraríamos entre los habitantes de Boston.

A la salida nos indicaron la parada de taxis y cogimos uno que nos dejó en un periquete en nuestro hotel, el Constitution Inn, en el 150 de la Primera Avenida, al ladito del puerto en el que se puede visitar el flamante barco U.S.S Constitution.

-El taxi del aeropuerto al hotel costó 28 dólares que redondeamos dejando una escueta propina de 2 dólares (nuestro taxista fue bastante anodino).-

El barco de guerra más antiguo de América, el USS ConstitutionEs el buque de guerra aún a flote más antiguo del mundo. Según nos explicaron, fue conocido como “Old Ironsides” en la guerra de 1812, debido a que cuando la fragata inglesa H.M.S Guerriere bombardeó a cañonazos el buque las balas parecían reobar como si estuviera hecho de hierro. El motivo es que el barco está hecho de tres capas de madera.

El barco aún está activo para el entrenamiento de marines que además de cuentan su historia in situ. Siempre está a flote en la bahía y “ventura” o sale a la mar una decena de veces al año.

La entrada al barco es gratuita, así como a su Centro de Visitantes, un pequeño museo en el que puedes hacer un recorrido sobre la historia naval de los Estados Unidos desde la época de la Guerra de Independencia hasta la I Guerra Mundial.

desdeelconstitutioninn

Jusmuseo USS constitutionto enfrente está el Museo del Constituion Inn. En él realmente te puedes imaginar cómo era la vida de los 500 marineros que trabajaban en el barco de guerra. El museo es perfecto para niños y para adultos con ganas de meterse en el papel de aspirantes a tripulantes de la nave. Es un museo muy interactivo a la vieja usanza.

Tras el museo fuimos al unico bar-restaurante que encontramos cerca del hotel. Allí nos tomamos dos pintas Yuvengling, la que se supone que es la “Oldest Beer in America“. Estaban bien y nos sorprendimos que a los de al lado les pusieron hielo en sus birras. (2 cervezas cuestan más o menos 12-14 dólares de media…).

el hotel The Constituion InnNo cenamos nada allí. A la vuelta de la esquina hay un pequeño supermercado (marca Tedeschi, muy popular) donde te hacen sándwiches sustanciosos y donde se puede comprar cerveza, así que cargados de provisiones nos retiramos al hotel para descansar, intentando no dormirnos al menos hasta las 9 de la noche para acomodarnos a la nueva hora (son 6 menos que en España).

Día 2. Cheers y la Freedom Trail

Cheers

con una colona en bostonNos levantamos a las seis y media de la mañana con el cambio de hora aún cambiado y a las ocho ya estábamos en la calle. Aunque en el hotel hay cafetera y sobres de café, nos fuimos a tomarnos un Café Late a la cafetería que hay a escasos dos minutos andando. El tamaño pequeño es como una taza de café con leche en España (3 dólares). Lo sirven para llevar y dejamos propina, algo que vimos que no se tiene por qué hacer. Se dejan las “tips” cuando uno come y le sirven en un restaurante, no cuando compra algo para llevar.

Tomando el café fuimos andando a lo Dorothy del Mago de Oz, siguiendo el camino de las baldosas… no, las amarillas no, las rojas. El Freedom Trail o camino de la libertad está marcado por la ciudad con una línea de ladrillitos rojos con lo que es imposible perderte.

Siguiéndolo cruzamos en diez minutos el río y en vez de continuar el trayecto marcado (que luego seguiríamos haciendo la ruta en el sentido correcto para regresar al hotel) nos desviamos hacia el enorme estadio de los Celtics de Boston que está en medio de la ciudad.

En él está también una de las grandes estaciones de tren. Entramos y preguntamos los horarios: Para visitar el estadio de los Celtics hay que ir entre las 10 y las 16 horas. La tienda del estadio abre además hasta las 17 h. Como aún eran las nueve continuamos callejeando en dirección al Boston Common Park.

En el trayecto nos metimos por una calle estrechita llamada Temple Str. peatonal con unas casas donde no te importaría vivir. Muy “Nothing Hill”. Al final de la calle se llega a un enorme edificio que parecía el Ayuntamiento de Boston. Hicimos alguna foto en una estauta dedicada a los bomberos y continuamos hasta el Centro de Visitantes del parque.

barcos de cines Boston

Nos atendió un hombre que creo ha sido el mejor informador turístico con el que nos hemos topado hasta ahora. Nos lo contó todo, incluso nos habló de los patos del parque de Boston sobre los que se escribió un Cuento que ha dado la vuelta al mundo. Allí también compramos postales, pero a su indicación no compramos ahí mismo los sellos, sino en una post office que era más barato.

A sus indicaciones recorrimos el parque llegando -tras cruzar una calle que lo atraviesa- al lago de los famosos patos. Se puede navegar en él en unas barcas con bancos de madera y forma de cisnes que llevan un siglo haciendo el mismo recorrido.

Caminamos a nuestra derecha, nos hicimos una foto con la mamá y los patitos de bronce famosos del cuento (que encontramos junto al camino) y salimos a una amplia calle donde nos aguardaba… ¡Cheers! el famoso bar de la serie de televisión que tan buenos ratos nos hizo pasar de jovenzuelos. Un amable trabajador que hablaba español nos dijo que hasta las 11 no abría, así que nos hicimos algúna foto por fuera, entramos en la tienda a comprar un libro fabuloso: Sam Malone’s Black Book, con las anotaciones y cócteles del famoso barman de la serie, y seguimos camino por la calle para regresar al inicio de la Freedom Trail. A mitad del trayecto vimos un Starbucks.

Paramos a tomar otro café late y con el wifi comprobamos que en la callecita en la que hacía esquina había una Post Office. Así que allí que fuimos. Charles Street es una calle llena de tiendas bonitas y curiosas. Incluso tienen un quiropráctico a pie de calle. Echamos las postales en una oficina de correos que tenía pinta de ser bastante antigua, compramos un par de sadwiches y agua en una tienda de comestibles, y como ya eran las 11 en vez de seguir a la Freedom Trail regresamos por Beacon Hill para tomarnos una pinta en el original Cheers.

El bar por fuera es igual que en la serie pero por dentro cambia. Su nombre original era Bull&Finch, hasta que Hollywood le cambió el nombre, cuando tres productores sugirieron Boston para rodar la serie debido a que en esta ciudad tanto deportes como política eran temas candentes en los pubs. Una tarde llegaron al Bull&Finch Pub, donde su camarero, Eddie Doyle, les atendió tan bien que tras haber visitando otra docena de pubs en Boston regresaron seguros de que ese era el lugar que inpiraría la historia.

El resto, como dice el cartel en la entrada, es historia. La primera vez que la serie fue emitida fue el 30 de septiembre de 1982 y fue, sin duda alguna, una de las más vistas y de mayor éxito de la historia de la televisión.

En Boston hay otro bar tematizado con la barra de la serie y un asiento donde supuestamente se sentó Norm, el gordinflón que siempre salía en el pub. En el original Cheers te dan un mapita para llegar a él.

Nosotros iniciamos el otro trayecto, el de la Freedom Trail, tras zamparnos los sadwiches en el parque Boston Common.

El parque, de 1634, fue comprado por colonos por 30 libras y fue conocido como la “Tierra común” para pacer el ganado local hasta 1830. También, durante 1775, fue ocupado varias veces por más de mil “redcoats” (los soldados británicos.

Más tarde, fue un lugar para los actos de homenaje a la revocación de la Ley del Timbre, como escenario de libertad de expresión y asamblea pública. En el siglo XX, Charles Lindbergh promovió la aviación comercial en él y también fue el lugar donde se produjeron importantes manifestaciones por los derechos civiles (con Martin Luther King,Jr) y contra la guerra de Vietnam.

Subimos por una escalinata desde el parque para ver el Massachusetts State House. Una casa señorial enorme, diseñada por Charles Bulfinch, que se caracteriza por su cúpula de oro, recubierta concobre por Paul Revere (luego hablaremos de él, en su casa, la más antigua de EE.UU). La cúpula fue pintada de negro en la II Guerra Mundial para proteger la ciudad de atentados, pero luego volvió a su dorado “original”. (La última vez que la doraron fue en 1997). Sobre la cúpula dicen que hay una piña, símbolo de la Dependencia del estado en el siglo XVIII.

El vehículo-anfibio turístico. Lo vimos un millón de veces pero no lo cogimos. Preferimos caminar y el Ferry público de 3,50 $ el trayecto. El Pato turístico cuesta 30$ por cabeza.
El vehículo-anfibio turístico. Lo vimos un millón de veces pero no lo cogimos. Preferimos caminar y el Ferry público de 3,50 $ el trayecto. El Pato turístico cuesta 30$ por cabeza.

Bajamos la calle hasta la Park Street Church, una iglesia más bonita por fuera que por dentro. Es importante por su camparanrio, el primer punto que los viajeros veían de lejos cuando llegaban a Boston. En este lugar fue donde se apoyó el sufragio de la mujer y donde se produjeron algunas de las más apasionadas protestas contra la esclavitud. La entrada es gratuita, como casi todos los edificios del trayecto (aunque aceptan donativos para su mantenimiento).

Tras la iglesia está el primer cementerio: el Granary Burying Ground. En él está la tumba de John Hancok y héroes revolucionarios como Paul Revere, Samuel Adams y los padres de Benjamin Franklin y Peter Faneuil. Se cree que en el cementerio llegaron a yacer 5.000 personas, aunque se vena muchos menos piedras.

Un poquito más adelante se llega a la King’s Chapel & Burying Ground. Otra iglesia con un cementerio pequeño anexionado en un lado. Data de 1686 y su finalidad era reforzar la ley británica. El primer arquitecto de América, Peter Harrison, diseñó la iglesia con campanario pero nunca se construyó. Aún así se considera el ejemplo más auténtico de arquitectura Georgiana en Norteamérica. En cuanto al cementerio, descansa en él Mary Chilton, la primera mujer que bajó del Mayflower.

La siguiente parada, pegada a la iglesia, puede pasar desapercibida. Está en el suelo y es un mosaico que marca el lugar donde estuvo la primera escuela pública de Boston, donde ya aceptaban niñas en 1972 (antes era solo niños). Hay un parque al lado donde se peude ver la estatua de Benjamin Franklin, quien fue algunos años a este colegio.

También sorprende la estatua de un burro, que representa el símbolo de los demócratas (el partido de Obama).

Pasamos por el edificio de ladrillo de la librería más antigua de Boston que ahora es unsitio de comidas y llegamos a la Old South Meeting House (Centro de Asambleas del Viejo Sur) donde hay que pagar para entrar (6 euros por cabeza).

libertadmujerPor dentro su interior es idéntico al de las otras iglesias del recorrido, con bancadas superiores y en el centro habitáculos con asientos donde las familias atendían los discursos juntas, separadas de las demás. El lugar está musealizado con piezas y paneles que explican la importancia del edificio para la revolución americana. En él se celebraban asambleas ciudadanas para hablar de temas locales, algo que aún realizan en muchos pueblos de Nueva Inglaterra, y en ella, el 5 de marzo de 1770 (la noche de la Masacre de Boston en la que cinco bostonianos fueron matados por soldados), se celebró la asamblea de protesta contra los regimientos británicos del poblado. Tres años después, las asambleas celebradas en el mismo lugar provocaron el Boston Tea Party (la sublebación colonial contra los impuestos británicos sobre el té). En ella los colonos pidieron al gobernador británico hacer regresar los barcos cargados de té a Inglaterra sin haber pagado el impuesto por la mercancía. Cuando el gobernador rehusó, los colonos, bajo la orden de Samuel Adams, echaron al mar 342 cajas de té inglés. Lo hicieron los patriotas a los que desde entonces se les conoce como Hijos de la Libertad.

Explican también que un orador, Joseph Warren, tuvo que entrar en el centro de asambleas por una ventana por miedo a que los soldados ingleses le apreciaran. Y en fin, por todo ello se conoció el lugar en Inglaterra como el “foco de la libertad” y por ello los británicos lo usaron como establo y escuela de equitación entre 1775 y 1776, usando los bancos y púlpitos como leña.

 También fue el hogar espiritual del esclavo y poeta Phillis Wheatley, uno de los primeros afroamericanos en publicar un libro. Y Benjamin Franklin fue bautizado aquí. Tras 1872, en que construyeron una iglesia mayor en otra parte, el edificio pasó a ser utilizado un par de ñoas como oficina de correos y más tarde desocupado y vendido. Llegado un momento se ordenó su demolición para levantar un edificio de comercios pero ciudadanos de Boston lo evitando formando una especie de una fundación que se mantiene después de un siglo para preservar el edificio que aún se usa para conferencias. Este carácter privado es lo que hace que haya que pagar entrada.

La siguiente parada es la Old State House Museum y el lugar que indica la Masacre de Boston. La antigua casa impresiona al estar rodeada de rascacielos y es famosa porque desde su balcón, en 1776, se leyó la declaración de independencia a los residentes de Boston.

bostoniana en la masacreEn cuanto al lugar que marca la masacre, es un círculo en el suelo bajo el balcón. Todo arrancó un 5 de marzo de 1770, cuando bostonianos se concentraron para protestar contra la pena impuesta a un joven y los soldados británicos abrieron fuego contra los civiles.

Tras seguir la ruta llegamos después a la Faneuil Hall, también de entrada gratuita y que ya impresiona porque a través de sus cuadros ves pasar frente a ti toda la historia de Boston.

El edificio, conocido como “The Cradle of Liberty” (la caza de libertad de expresión) ha servido de mercado y de lugar asambleario desde 1742, además de ser el primer ayuntamiento de Boston. Su nombre proviene de Peter Faneuil, un comercinate de bienes americanos y esclavos famoso de en el antiguo Boston que fue quien propuso construir un mercado permanente, que fuera también utilizado para reuniones durante 250 años. Hoy aún se usa como foro de debate para problemas locales como protestas por impuestos, etc. La sala de debate (segunda planta) la guardan, como otros monumentos nacionales, los Rangers, que además te explican amablemente su historia. La parte de abajo es un conglomerado de tiendecitas de souvenirs.

Frente al edificio hay tres naves. La del medio se llama Quincy Market, y es una especie de mercado de San Antón de Madrid. Está lleno de puestos donde puedes comprar algo de comida para tomar en el momento. Desde bocadillitos de langosta hasta comida china, italiana, marroquí, india, etc. Te lo puedes zampar dentro en una sala con bancos y mesas, o fuera viendo algún espectáculo callejero.

En un flanco de este edificio está la réplica de Cheers, con una barra como la de la serie. En ella te puedes sentar en el lugar donde lo hizo el gordito, Norm, cuando se inauguró el local. Su sitio está marcado con una plaquita sobre la barra próximo a fotografías de la efemeríde.

La nave de la derecha se llama South Marquet y la de la izquierda, imaginamos que se llama North Market, tienen tiendas y bares. Por cierto, del 17 al 22 de agosto y del 24 al 29 los restaurantes en Boston diseñan un menú con precios especiales, lo hacen dos veces al año. En marzo y en agosto y es el llamado “Dine Out Boston” (cada año hay que ver fechas).

nuevoCheersTras la parada de rigor para las pintas en el Cheers II, continuamos hacia la casa de Paul Revere. Para ello recorrimos una calle plagada de restaurantes italianos.  Llegamos casi a la hora del cierre (17.15), pero nos dejaron entrar. Y es que apenas se tarda diez minutos en verla de lo pequeñita que es.

Es la casa más antigua de América, construida sobre 1680 y usada por el comerciante cuando tenía 35 años, junto a su numerosa familia. Revere es famoso porque hizo de mensajero la noche del 18 al 19 de abril de 1775. La casa de momento no es apta para personas en silla de rueda, pero lo será próximamente ya que están construyendo junto a la casa un centro de visitantes que conecte sus plantas por ascesor.

Tras la casa, continuamos el trayecto hacia la Old North Church, la más antigua de Boston y el lugar histórico más visitado de la ciudad según dicen. En 1775 su pastor subió al campanario y sostuvo dos linternas para hacer señales a los patriotas de que los británicos marchaban a capturar a los cabecillas de la revuelta, evento que terminó de encender la revolución americana.

Siguiendo el camino trazado por los ladrillitos rojos llegamos a otro cementerio, el Coop’s HIll Burying Ground, donde están famosos predicadores, y frente al cual está la casa más estrecha de Boston (una azul).

Finalmente, continuamos el trazado de la freedom hasta el puerto que visitamos el primer día, que pasamos para llegar al hotel y despedir una intensa segunda jornada.

Día 3. De bunker Hill al estadio de los Red Socks, parando en la casa de los Celtics

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A primera hora terminamos la Freedom Trail visitnado el Bunker Hill Monument, un obelisco sobre la colina en la que, aunque perdieron los colonos, se dice que fue su primera victoria por el elevado número de británicos que perdió la vida en ella. Es perfecto visitar el lugar a primera hora con las piernas descansadas porque puedes subir hasta arriba y ver unas fabulosas vistas de Boston. En total son 294 escalones… que además están marcados en tramos de 25 para que vayas viendo lo que te resta hasta su cima.

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Panorámica de Boston desde lo alto del monumento de Bunker Hill

batalla_bunker_hillEl obelisco tiene 221 pies y junto a él está la estatua del coronel William Prescott, quien dijo “no disparen hasta ver el blanco de sus ojos”, según la guía. Justo enfrente del obelisco hay un museo que reproduce la batalla y en el que puedes ver también objetos de la misma. Muy chula una maqueta interactiva enorme que te muestra por donde avanzaban los británicos contra los colonos de la colina. (La entrada también es gratuita).

Muy cerca está la calle Pleasant, residencial, que baja hasta la taberna de Warren, una de las más antiguas de Boston. Abre a las 11.15 y su amable camarero nos dio para probar varias cervezas antes de elegir las pintas. Tras un descansito merecido, continuamos hacia el puente que nos llevaría al centro de Boston y al fabuloso estadio de los Celtics, el TD Garden.

La entrada al estadio cuesta 10 dólares y se realiza mediante visita organizada. Arrancó a las 12.30 horas. Una chica que hablaba rapidísimo nos explicó al inicio de la visita que no podríamos pisar el parqué porque todo el estadio está siendo remodelado pero que podríamos verlo desde varios niveles de gradas, lo que nos entusiasmó.

Celtics

La visita arrancó en la planta 5ª, que es donde se sienta la prensa. Es indescriptible verse en un estadio de un equipo como los Celtics imaginándose un partido (en verano no hay). Hicimos fotos de las gradas, de la pista al fondo (aún colocada en un lateral en vez de en el centro) y con los ídolos deportistas locales inmortalizados en estatuas del corredor.

conlarryDespués pululamos por los pasillos del estadio, convertidos en Museo. A través de fotos y vitrinas con objetos puedes ver toda la historia del Maratón de Boston (la primera vez solo corrido por 15 runners), la del hockey sobre hielo, cuyo equipo local comparte estadio con los Celtics, la del equipo del inolvidable Larry Bird, etc.

Casi al final de la visita te dejan entrar en una grada VIP para ver la pista más de cerca y también te prestan equipaciones por si te quieres hacer alguna foto customizado, algo que por supuesto hicimos entusiasmados.

Del estadio subimos andando por Stainford St. y cogimos Cambridge Str. hasta que llegó al inicio de Charles Street, la calle de las tiendas situada en el barrio de Beacon Hill. Lo recorridomos de nuevo, nos tomamos una pinta para descansar en un pub llamado Sevens donde nos pusieron una generosa ración de nachos que llaman tortillas, y continuamos camino andando, bordeando el Boston Common Park, por Arlington St. hasta Boilston St (la avenida “Serrano” de Boston”).

boston_2014Por ella llegamos hasta la Biblioteca, la primera de Estados Unidos, abierta a los visitantes, donde un español de apellido Gustaviano (valenciano) tuvo a bien enseñarle a los americanos las posibilidades de los azulejos, lo que le llevó a trabajar después en Harvard.

Recorrimos bibilioteca, llena de gente estudiando con un ambiente buenísimo que casi te daban ganas de sentarte también a leer. Y de ahí, el palizón: seguir caminando hasta el estadio de beisbol de los Red Socks.

Había partido y el ambiente era de fábula. Recorrimos el estadio sorteando a los reventas que había por todas partes y ante tal multitud optamos por meternos en un bar de la zona a descansar. De ahí, fuismos por el Commonwealth Avenue hasta Newbury Str., una calle de tiendas que a partir de cierto momento pasó a estar plagada de restaurantes donde había música en directo. Un acierto.

Allí nos tomamos algo más y después bajamos de nuevo a la avenida Commonwealth para pillar un taxi a mano alzada para retirarnos al hotel.

Ambiente a la entrada del estadio de los Red Socks antes del partido
Ambiente a la entrada del estadio de los Red Socks antes del partido

Por cierto, estuvimos tentados a entrar a ver el partido en el estadio, pero no nos arriesgamos por si se nos hacía largo. Gran acierto. El partido -que vimos por partes en el bar y luego en el hotel por la tele- arrancó a las 19.10 horas y acabó pasadas las 22.30, y encima quedaron 1-0 y la carrera fue en el primer turno de bateo de la primera entrada… (algo así como ver dos partidos de fútbol seguidos, que queden 1-0, y el gol lo marquen en el primer minuto).

Día 4. Visita a la universidad de Harvard y el barrio de Cambridge

Harvard

No hay mucho que ver en Harvard en verano con los estudiantes de vacaciones pero aún así no se puede pasar por Boston sin hacer una paradita en la cuna de la élite universitaria de Estados Unidos.

Para ir cogimos el metro, que te deja justo a la entrada del complejo universitario. Antes, andando desde el hotel, pasamos por un centro comercial de Bunker Hill para comprar un adaptador a fin de cargar nuestros dispositivos. En el hotel dicen que tenían pero que hace tiempo que se extravió y por el interés que mostraron en reponerlo no creemos que lo lleguen a hacer. Un adaptador para enchufe europeo nos costó 5 dólares (el doble si compras para USB).

De ese centro comercial caminamos diez minutos hasta la parada de Metro de la línea Naranja Community College. Cada billete sencillo de un viaje cuesta unos 2.50 dólares. Hicimos transbordo a la línea Roja en Downtown Crossing y luego del tirón hasta Harvard.

Una vez más nos envolvió el olor a hierva recién cortada. El campus está impoluto, lleno de sillas metálicas de colores por toda la zona de su césped donde podías ver a algunas personas leyendo o simplemente inspirándose o imaginando cómo estará todo durante el curso escolar.

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No se puede entrar en ningún edificio universitario si no tienes la tarjeta de estudiante del centro, así que nos conformamos haciendo fotos desde fuera hasta que buscamos el Museo de Ciencias Naturales de Harvard.

Tras haber estado en su homólogo de Viena, el museo de Harvard no tiene nada de especial, a excepción de los huesos de dinosaurios y gigantescos cetáceos originales de la zona de América que no es fácil ver en los museos de Europa.

También tiene una zona dedicada a las tribus indias de América del Sur, del Norte y los aborígenes de la Polinesia. Sin duda la mejor la de los indios de Norteamérica.

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Tras ver el museo (más o menos se ve en dos horas) marchamos a dar un paseo por Cambrigde St. y regresamos por Massachusets Avenue. Cuando llegamos por esta vía hasta la altura de la universidad nos tomamos una hamburguesa en donde dicen sirven las mejores de Estados Unidos: Mr.Bart Lei. En efecto, están muy buenas. Cuestan unos 13 dólares cada una, que te sirven con patatas. Puedes pedir un vaso de agua con hielo gratis para compensar. (A mi me recordaron a las hamburguesas del Don Oso de Joaquín Maria López de Madrid pero con más jalapeños).

El local está en el 1246 de la Massachusets Av. y como curiosidad puedes leer en cartelitos colgados junto a sus mesas algunas personalidades que se han zampado hamburguesas en el garito como Al Pacino. (Por cierto, muy famoso el lugar pero no tiene Rest Room = Cuarto de Baño).

hamburguesaCon la tripa bien llena cogimos de nuevo el Metro hasta South Station para ver una réplica del May Flower en el que hacen representaciones del Motín del Te. Cuando llegamos la sorpresa: 25 dólares por cabeza costaba la entrada. Vimos un poco en los folletos en qué consiste la visita y al ver que es más apta para niños norteamericanos pasamos de entrar y nos fuimos hacia Chinatown.

chinatownLa entrada del Chinatown es tal y como una la ve en las pelis. Con su entrada espectacular de dos arcos. Su interior, como siempre se imagina. Todo lleno de tiendas y restaurantes con letreros en chino… hasta el banco Santander (que por cierto tiene un montón de sucursales en Boston), tiene su cartelería en chino.

Caminando por Chinatown nos desviamos, ante la llamada de los letreros luminosos que se veían en una casa, hacia el Broadway bostoniano. Es la zona donde están todos los espectáculos y musicales.

En vez de comprar una entrada nos fuimos de compras. Primero entramos en un lugar llamado Expressions de Deportes. No entréis. No es que nos trataran mal, es que nos faltaron directamente al respeto. Preguntamos si tenían un modelo de Nike en un color y cuando nos dijeron que no, que solo en rojo, y respondimos que en Rojo no las queríamos, nos soltó el dependiente: “Pues búscatelas en tu país”.

Pasamos del blanco arrogante y seguimos camino. Al poco encontramos otra tienda de deportes llamada Champs. Nos atendieron realmente bien y encontramos las zapatillas que queríamos. No en azul, pero tampoco en rojo, en gris. Las compramos. Algo más adelante entramos también en Foot Paths para ver el precio de las Timberlad que en USA las puedes encontrar por 130 dólares (unos 120 euros).

Cargados con compras, seguimos camino por la pequeña Italia de Boston para cruzar el puente y regresar al hotel agotados.

Día 5. De sábado libre por Little Italy y Queency Market

ambiente_market_boston

Pensamos ir a Salem, pero no fuimos. Pensamos también ir a un poblado colonial e indio al sur de Boston, pero nos dijeron que ya no es tan impresionante como fue hace años y tampoco fuimos. Optamos por hacer lo que muchos bostonianos hacen los sábados por la mañana: pasarlo bien sin ningún plan concebido.

inmigrationCaminamos tranquilamente por los muelles de la zona del hotel, Charlestown, para descubrir algunos lugares donde se hablaba del pasado inmigrante de la ciudad. Y recorrimos de nuevo la pequeña Italia, contemplando cómo lo preparan todo para su fiesta de Sant Antoni, que celebran del 29 al 31 de agosto, y a la que sigue Santa Lucía el 1 de septiembre, y llegamos a la avenida que lo separaba de la zona de Queency Market, donde paramos a desayunar cerveza y “bruch” en la taverna Goody Glovers, probando el afamado bocadillo de langosta que te ofrecen por toda la ciudad.

lobster_rollDe ahí curioseamos por el Mercado de frutas que se monta al otro lado de la calle, la mar de animado al ser sábado…

mercado_frutas

… y nos dejamos llevar por el animado ambiente de la zona del mercado donde no faltó ni una colecta muy animada y curiosa contra Putin y a favor de Ucrania. Entramos en las tiendas de las naves para comprar souvenirs para la family, nos compramos un par de Levi’s a 49 $ cada uno y en fin, vagabundeamos felices por los muelles y puerto parando de cuando en cuando a tomar algo o disfrutar de los espectáculos callejeros.

market02Finalmente tomamos el Ferry que nos dejaba junto a casa (3.50 el trayecto) y preparamos la maleta para despedirnos de un viaje fabuloso por la primera ciudad de Estados Unidos.ferri_boston

6 thoughts

  1. Despues de leer el articulo, tengo una duda, no se si ir de vacaciones, o, como lo has explicado tan bien, imaginar que he ido yo con vosotros y ahorrarme el viaje.
    Sencillamente un articulo estupendo👏👏👏

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