Svalbard, entre marzo y mayo

Longyarbyen, Svalbard al final de la primavera

¿ Cuando es mejor viajar a Svalbard, el archipiélago del Ártico a mil kilómetros del polo Norte? Tras haber vivido allí recomiendo entre finales de marzo y comienzos de mayo. Eso supone no poder hacer ningún crucero al norte de la isla, pues hasta junio el mar está congelado, pero puedes hacer excursiones en moto de nieve, en trineos y disfrutar del paisaje helado.

Tras el deshielo -que cada año llega antes- se puede navegar para ver ballenas, morsas y -de lejos y con suerte- alguno de los escasos osos polares que quedan (ojo, no pingüinos, que viven en el Polo Sur, no en el Polo Norte). Pero cuando el desierto helado aún permanece intacto, puedes recorrer sobre trineos tirados por perros y en ‘snowmobiles’ kilómetros de blancas colinas cruzándote con manadas de renos y quizá con algún oso.

En febrero, además, los días empiezan a alargarse hasta que en mayo, a las 12 de la noche hace exactamente el mismo sol que a las 12 del mediodía (aunque la sombra pende del lado opuesto). En julio la sombra no varía. El día es interminable y se hace imposible distinguir entre las tres de la madrugada o de la tarde, hasta el punto en que los pájaros no cesan de trinar durante todo el verano sea la hora que sea, lo que resulta bastante irritable si vives allí. En invierno, sin embargo, el ruido cesa. Llega el silencio en cuanto paras el motor de la “scooter” y entonces, si comes una galleta, crees estar haciendo rugir la tierra.

las doce de la noche, en mayo

Otros consejos generales para viajar al fin del mundo son tener la cartera boyante (es un viaje carísimo y las excursiones allí también lo son), llevar ropa de abrigo (si se tiene de esquiar mejor), llevar como único calzado botas de montaña (lo demás es innecesario) y portar una cámara de fotos con la memoria limpia y la batería cargada (aunque dependerá del frío que funcione). También llevar zapatillas de andar por casa o calcetines buenos sin rotos. En los hoteles y otros lugares de Longyarbyen hay que dejar las botas a la entrada y pulular en calcetines o zapatillas. Y por último: no coger nada del suelo. Si ves un barril oxidado no es basura, es “cultural heritage”, patrimonio cultural de la isla.

Para viajar a Svalbard, último pedazo de tierra desde el que parten las expediciones al polo, hay que coger un avión a Longyearbyen, la “ciudad” de soberanía noruega donde está la “civilización”. En el archipiélago hay otro par de puntos con habitantes que no llegaría a llamar “pueblos”. Uno es NyAlesun: 4 casas en medio del ártico reservadas para científicos. El otro es Barensburg: último reducto de la URSS, gestionado ahora por mafias… presuntamente o eso parece. A Longyarbyen se vuela desde Tromso, ciudad que corona el norte la península escandinava. El vuelo dura hora y media y no hay que preocuparse aunque se vea temporal. Solo lo realizan los pilotos más experimentados de la flota de Norwegian. El coste ronda los 300 euros ida y vuelta, claro que antes hay que llegar a Tromso, desde Oslo

barentsburg

La llegada a Longyarbyen es espectacular haga buen o mal tiempo. El primer caso te deja ver desde el aire la sucesión de montañas puntiagudas y kilómetros y kilómetros de blanco desierto. Allí no hay árboles ni arbustos ni nada. Solo en verano hay un ligero musgo y un par de florecillas curiosas que desaparecen en octubre. En el segundo caso piensas que acabas de colarte en una expedición al polo envuelta en una ventisca que te impide ver lo que hay a un metro de ti (lo que hace que te cagues de miedo si ocurre cuando viajas en moto y a ésta le da por pararse en medio de la nada, al no saber si te acecha algún oso hambriento…).

señal en Svalbard

Junto a la entrada del aeropuerto uno puede ver la distancia que hay a distintos puntos del planeta (unos 4.000 km a Roma). Taxis colectivos llevan a los hoteles por la única carretera que hay en el archipiélago. Tiene en total unos 20 kilómetros de extensión. Lo justo para enlazar aeropuerto-pueblo-mina de carbón cercana. El resto es territorio virgen. ¿ Cuanto mide éste? Tres veces más que toda la Comunidad Valenciana y casi 8 veces más que la de Madrid. Su población ronda los 2.000 habitantes, pero en el pueblo suele vivir como mucho la mitad, pues muchos son mineros que hacen turnos semanales en una mina alejada de la población.

Por cierto, ya que escribo esto en marzo, he de apuntar que el día 8 de este mes hay una gran fiesta en la isla. Es  “Soldagen”, la jornada en la que por primera vez, tras la etapa oscura, llega el primer rayo de sol al pueblo (hasta ese día ya hay luz, pero no se llega a ver el sol). Lo malo de la celebración es que si hay nevada o ventisca no luce nada. Doy fe. Pero este inhóspito lugar no siempre tiene mal tiempo. Al menos un día a la semana luce el sol (hay semanas que a diario). Aún así, el sol es lo de menos. Lo que importa es la luz y ésta, entre febrero y marzo, y después en septiembre, es la más bonita y especial del mundo. Tonos de azul y rosa bañan las montañas heladas en un perpetuo atardecer perfecto. Las montañas están además a la vista, pues esta “ciudad” es como las de las pelis del oeste: casas a ambos lados de una calle y poco más. Nadie diría que uno de los edificios es una de las universidades científicas más prestigiosas de Europa y que una de las cabañas que hay junto al fiordo congelado es el Club Náutico local… inservible en invierno.

Hay varios lugares donde hospedarse. Me quedo con el Spitbergen Hotel. Guardo de forma muy especial las vistas sobre el pueblo desde la amplia cristalera del restaurante, al amanecer, con la niebla azul sobre el aire, escuchando “The winter came to soon this year”, de Bel Canto, aguardando a los primeros huéspedes para servir el desayuno. Pensando cómo llegué allí. Sabiendo que ese momento podría llevarlo conmigo, como el silencio helado, y relativizar con él lo que viniera en el futuro.

En invierno los estudiantes de la universidad ártica de Svalbard construían, en la parte trasera del hotel, un iglú donde montaban “el bar de hielo”, con el que se sacaban unas perrillas. Mola tomarse algo calentito con unas gotitas de alcohol en una cueva helada.  También era excepcional la comida del restaurante. (Si alguien va, que lleve recuerdos a Raimon).

barhielo

Otro lugar donde hospedarse es Svalbard Hotel, en medio del pueblo, está muy tematizado con lo “artico”. Si el presupuesto no llega, también hay alguna casa de huéspedes.

Tras acomodarse, aconsejo el primer día en la isla para ver “la ciudad” y reservar actividades para el día siguiente. Dentro de Lonyearbyen es interesante visitar su museo. Yo sólo llegué a visitar el antiguo, pequeño pero muy interesante, estaba cerca de la iglesia. Antes de entrar, a mano derecha, había un trineo viejo y oxidado tras el cual hay una historia interesantísima…

Más allá del museo hay un cementerio. Tiene unas 20 tumbas y jamás tendrá una más. Desde 1930 está “prohibido” nacer y morir aquí. Si vas a dar a luz te trasladan antes del parto a la península. Si mueres, el cadáver es trasladado. Sólo yacen las tumbas de este viejo cementerio de comienzos del siglo pasado, mineros que dicen murieron a causa de la “gripe española” y que gracias a sus tumbas se comprobó que no era Svalbard un lugar para enterramientos debido al  “permafrost”…

Uno puede también bajar a ver la pequeña universidad, la galería, las pocas tiendas y fotografiarse, en medio de ellos, con la cabeza pétrea de Amundsen. Advierto que hay que andar con tiento.  La nieve se va derritiendo poco a poco y tienes que aprender a andar sobre hielo.

No ha de extrañarse de ver a gente con rifles a sus espaldas. Lo hacen porque salen del pueblo. Por todos lados hay souvenirs con imagenes de osos e incluso señales de trafico que, al igual que en la carretera de El Pardo te previenen del advenimiento de un ciervo, allí lo hacen sobre esta bestia salvaje. Al contrario que zorros, focas o renos, es difícil ver a un oso, pero haberlos, “haylos”y se han zampado algún turista, de ahí que haya que ir armado fuera de la población. El primer disparo ha de ser al aire, para ahuyentarle. Si se empeña, el segundo en la cabeza o date por finiquitado. Está prohibido desde 1973 matar a estos reyes del Ártico y sólo ha de hacerse en defensa propia. Si ocurre, se abre una investigación sobre los hechos y aparecen miembros del Instituto Polar Ártico a recoger muestras de todo y ponerlo en bolsitas como si fueran agentes del CSI.  IMG-20130317-WA0003

La piel se subasta para donar lo recaudado a fines benéficos. Las vísceras van a la universidad para estudiar cómo les afecta el cambio climático y la carne se reparte entre los pocos restaurantes del pueblo, que la sirven si firmas un papelito en el que les eximes de cualquier responsabilidad al ser una carne que no pasa control sanitario alguno. Luego te dan un “diploma”.

certificado de comer oso polar

Pero vaya, que esto pasa una vez al año y la mayor parte de la gente solo alcanza a ver dos osos polares: el disecado del aeropuerto y el disecado del museo. Lo que se ve fácilmente son cadáveres de focas. Se cuelgan para secarlos junto a las jaulas de los perros que tiran de los trineos para alimentarlos. También se ven vivas, sobre todo cerca del boquete de hielo que hay junto a un barco-hotel varado en medio de un fiordo helado. Hasta él que sólo se llega en moto o en trineo.

en trineo por svalbard

Vayamos con la primera excursión. Un viaje de media jornada en trineo con perros cuesta unos 200 euros y no hay nada que se le parezca en el mundo. Lo único que se escucha es el viento y el jadeo de los perros (capaces de cagar en plena carrera a saltitos). No hay nada más sobre la tierra que tú, minúsculo, en medio de la nada helada con estos perrazos fuertes como leones. Un@ guía acompaña siempre al grupo, con su rifle a cuestas, enseñando como majenar el trineo, que tiene hasta “ancla”. El resto del día te lo pasas recordando la experiencia. En Longyarbyen hay compañías que organizan también excursiones de varios días con los perros, durmiendo por ahí en cabañas y en el barco encallado en el hielo.

Quien prefiera un viajecito de un día, puede dejarse llevar luego por la vida nocturna de Svalbard. A saber: un bar, el que tiene más whiskys de Europa, los bares de los hoteles y poco más. Sólo los sábados (al menos en mi época) reconvertían el comedor del club social donde estaba el cine en discoteca.

a barentsburg

Para el tercer día propongo un viaje a Barensburg, y si es posible, dormir allí. En la URSS. Hay un hotel que tiene las cortinas colgadas con clips… no digo más. Dentro de la habitación es como teletransportarse a un piso del Moscú de los 70 y todo este pueblo ruso es básicamente así. Parece que el tiempo no ha pasado. No hay motos de nieve, no hay nada más que edificios construidos en los 80 que parecen que tienen mil años y la estatua de Lenin preside el centro “urbano”. El lugar cuenta con una granja explotada por gente muy muy amable (para proveerles de leche, pues en invierno el lugar está aislado), un invernadero que les provee de vegetales frescos, un museo del año de la polca, que aun envejecido, es más interesante que el noruego; un viejo pabellón deportivo ya ruinoso que en algun momento sería impresionante… Allí solo llegan rusos a trabajar en las minas del carbón y funcionan con cartillas de racionamiento. No cobran un duro hasta que no regresan, dos años después, a su país. Si se portan mal, le echan sin ver un céntimo y encima obligados a pagarse el viaje. Da algo de mal rollo pero es una experiencia viajar allí. También entra uno rápidamente en calor a base de un vodka que levanta a los muertos.

museo barensburg

El viaje en moto de nieve es espectacular (solo se deja conducir a quien tiene carnet de conducir coche). Creo que solo puede emularse con atravesar el desierto, solo que aquí la arena son minúsculas partículas heladas, polvo brillante de una nieve que todo lo cubre. De lejos se ven manadas de renos, a estas alturas más flacos que nunca tras haber logrado sobrevivir el frío invierno. De camino se suelen hacer barbacoas, algo que a estos noruegos les vuelve locos. Según la compañía, hay quien ofrece incluso realizarlas con carne de reno o foca. Mi “religión” me impidió probar la foca pero todo el  mundo me dijo que sabía a neumático. Mejor reno o ballena (que la venden congelada en el súper). El precio ronda, por persona, los 400 euros si el viaje es de ida y vuelta en un solo día.

cartel de barentsburgh

Otro consejo. Si algo pasa durante el viaje… pongamos que la moto de nieve se rompe u ocurre un accidente. No pasa nada. Las excursiones parten siempre diciendo al gobernador el recorrido, provistas de GPS, para que éste pueda enviar al helicóptero a rescatar a quien sea. Además, hay un pequeño hospital en el centro el pueblo.

a templefjorden

Si se ha optado por un viaje de un día a Barentsburg, al día siguiente puede hacerse otro a Tempelfjorden, cuyo trayecto se hace por fiordos y glaciares congelados que llevan al barco que he citado antes, donde además de almorzar en él, puede verse las focas felices chapoteando cerca.

Hasta donde he contado, es lo básico que hacer. A partir de ahí, si se tienen más días, siempre puede preguntarse por otras escapadas para dormir en cabañas en medio de la nada… o visitar la única mina que aún funciona, Svea, ó subir a las antenas que conectan con satélites… o sentarse en cualquier lugar –si las motos lo permiten- a disfrutar del silencio y de la paz.

en snowscooter

Aquí tenéis el listado con todas las compañías de la isla. En otra “entrada” os cuento la historia de este lugar descubierto en 1596, donde están guardadas hoy las semillas de todas las especies vegetales del mundo…, y en otra, lo que se puede hacer, y descubrir en verano en Svalbard.

tras la primera excursion en svalbard

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12 thoughts

  1. Que recuerdos; hace tre años hicimos un crucero desde Hamburgo; el día mas largo del año 21 de junio estábamos alli espectacular sobre todo la fauna

  2. Muy buen artículo Raquel.
    Hace tiempo que vamos detrás de una buena aurora boreal. Ya que has estado viviendo en Longyearbyen, me podrías aconsejar un poco? Mes de diciembre? Ya he estado en Rovaniemi y sé que es estar a temperatura extrema. ¿Hay aviones en diciembre? ¿Via Tromso? ¿Se podrian llegar a ver desde el mismo pueblo (si las condiciones atmosféricas lo permiten)?
    Muchas gracias.

  3. Hola Raquel,
    Estoy pensando en ir con mi pareja a Svalbard para ver auroras boreales. Estuvimos este febrero en Rovaniemi y no tuvimos suerte. ¿Me podrías aconsejar cuál es la mejor época para verlas en esa zona?
    Gracias!!

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