Buscando trabajo en otoño a 30 metros de profundidad

Hace muchos años hice un cursillo de buceo en la isla de San Andrés que me quitó las ganas de sumergirme en las profundidades marinas. No es que el curso fuera malo, es que me entró el pánico en cuanto enseñaron los gestos que advertían la llegada de bichos marinos que yo, gracias al cine, siempre he considerado carnívoros en potencia. Total, que las bombonas y yo jamás llegamos al bote, quedándonos en la orilla con las ganas de pulular libres bajo el mar. Desde entonces cada vez que veo un buzo lo miro con interés y quizá por ello … Continúa leyendo Buscando trabajo en otoño a 30 metros de profundidad