De cómo surgió la postal

Torre de Postales

Aunque hoy cuesta lo mismo enviar una carta que una tarjeta postal, ésta última nació como medio escrito de comunicación en el siglo XIX para rebajar el coste de las misivas en sobre. Tras su auge durante el siglo XX, hoy las nuevas tecnologías  amenazan su supervivencia pese a la carga emocional que en el fondo tienen para todos.

Su historia se remonta a un congreso postal celebrado en el siglo XIX en Prusia. Un señor llamado Henrich von Stephan propuso la idea para las reducir los costes de las cartas oficiales (sobretodo para breves mensajes no secretos). La idea fue descartada, pero años después la recuperó un catedrático de una academia militar austriaca, Emmanuel Hermman. Se lanzó y empezó a enviar trozos de papel franqueados, algo de lo que dio cuenta un diario local, haciéndose eco de las ventajas que suponía para el Tesoro Público. El director de Correos y Telégrafos de Viena, el barón Adolf Mali, leyó el artículo y se convenció de las bondades de la postal, haciendo que se aprobara la primera ordenanza real con la que la Administración editaría la primera tarjeta postal. Era rectangular, de 12.2 por 8.5 centímetros, de cartón y color crema, con un membrete en negro que decía “Correspondez-Karte”, y los escudos de armas imperiales austro-húngaros. Arriba a la derecha, el franqueo impreso, un sello de dos coronas donde aparecía el emperador Francisco José I.

La tarjeta postal ilustrada no se editó y vendió hasta 1872. Su éxito fue tal que en 1899, Niza organizó la primera Gran Exposición de Tarjetas Postales Ilustradas de todos los países. La “postal” nacida en Europa ya había volado y se había implantado en Estados Unidos. Su anverso era para el sello, la dirección y el nombre y el reverso para el mensaje y el dibujo. Hasta 1905, que la “cara A” se dividió en dos para dejar toda la contraria para la ilustración. En España los dibujos no fueron aprobados en la postal hasta 1886 y la primera oficial se hizo con un sello con la efigie de la República (a 5 céntimos).

Luego llegaron las grandes guerras. Las mundiales y la Civil Española. Todas convirtieron a la postal en un medio propagandístico más. Cada bando la usó para lanzar sus mensajes y la censura se implantó para ver minuciosamente los mensajes que se enviaban al exterior.

Tras las contiendas, en la década de los 70, Alemania, Francia y Estados Unidos liberalizaron la actividad naciendo con ello la gran industria de la Tarjeta Postal. Con ella surgieron nuevas técnicas, como las imágenes bidimensionales con las que ves a los animales en distinta posición según mueves el cartón. El color se llevó también a su máxima expresión e incluso se insertaron elementos ajenos a la pintura y el papel como las faldillas de las flamencas de las tarjetas de Sevilla. Durante décadas era casi obligado comprar una postal en cualquier ciudad visitada. Una costumbre que cae en el olvido con las tablets e Instagram. Aunque algunos aún resistimos. Es estupendo toparte, el día  menos pensado, con una de esas postales entre las páginas de un libro. Como un perfume, destaparla desprende buenos recuerdos de algún lejano lugar.

postalesRAQUEL

One thought

  1. Me ha encantado vuestro post y me ha sabido a poco pero ya sabeis lo que dice el dicho “si lo bueno es breve es dos veces bueno”. Me gustara volver a leeros de nuevo.
    Saludos

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