Salamanca en 2 días, lugares que ver en la ciudad del saber

catedraltambores

Hay ciudades por las que uno pasa y piensa que le hubiera gustado vivir en ellas en algún momento de su vida. Salamanca es una. Incluso recorriéndola en verano despoblada de sus miles de estudiantes, nace el deseo imposible de retroceder en el tiempo para ser uno de sus universitarios. Como el arroz se nos pasó hasta para hacer de tunos, nos conformamos este verano con caminarla, aprenderla y saborearla como turistas.

catedralsalamanca4El primer día lo aprovecharíamos para ver la Clerecía y sus torres (la Scala Coeli); la Casa de las Calaveras y la de las Conchas; las Catedrales Nueva y Vieja, sus torres medievales y salas (Ieronimus), el Convento de las Úrsulas; así como el Museo de Art Nouveau, el Archivo de Salamanca y la Cueva de Salamanca. El segundo día fue para las estancias de la Universidad.

Llegamos sobre las 11 de la mañana a nuestro hotelazo. El Alameda Palace, de 5 estrellas, a tiro de piedra de la plaza Mayor. Lo encontramos en Trivago y como el anuncio de la tele nos salió la habitación de celebrity a precio mileurista: 54 euros desayuno incluido. Aún así llegamos recelosos al encontrar – tras cerrar la reserva- alguna mala crítica por la red. No la entendimos. Aunque no decoraríamos nuestra casa como el hotel, éste es una pasada, de los de antes (como uno se imagina el antiguo Plaza de Madrid). Sus amplios salones y pasillos tienen muebles de madera maciza lustrosa. Sus paredes están llenas de espejos brillantes y de cuadros inmensos con marcos que valen un Potosí. Son dorados hasta los apliques de la habitación y su baño es como el de los romanos, grande y revestido de mármol. Pero lo que más nos impresionó fue el comedor del desayuno. Acostumbrados a decoraciones “ikea” este tenía tanto “glamour” que parecía que fuera a entrar Unamuno y compañía en cualquier momento.

Tras ver como era el hotel y dejar al botones la llave del coche para llevarlo al parking (¿cómo señores o no?), bajamos por la comercial calle del Toro hacia la plaza Mayor. De camino vimos la iglesia de San Juan de Sahagún y nos enternecimos con la versión de “Strangers in the nigh” de un violinista callejero.

Al llegar la plaza nos vino a la mente la Mayor madrileña, a falta de equino. La de Salamanca también está llena de comercios, bares y restaurantes bajo sus soportales (interesante una antigua farmacia aún activa). Entre ellos está la oficina de turismo donde coger folletos, cargar la audioguía al móvil, informarse sobre la Salamanca Card y organizarse.

Antigua farmacia de Salamanca
Antigua farmacia de Salamanca

Plaza Mayor de Salamanca

Unamuno en la Plaza Mayor
Unamuno en la plaza Mayor

Proseguimos marcha por la plaza en la que se decía que las mujeres debían pasear en sentido inverso al de los hombres para verse mejor. Nosotros fuimos parándonos a ver los medallones de personajes ilustres que coronan sus columnas…

…hasta que la abandonamos para llegar frente a las puertas de la Casa de las Muertes o las Calaveras. No puede visitarse pero es curioso pararse a verla por su leyenda: “Murió una mujer y quedó la casa deshabitada, hasta que alguien detrás llegó y murió también. Quien allí vivía,  moría”. Hoy está habitada y su testigo es la estatua de Unamuno que, frente a ella, también da la bienvenida al Convento de las Úrsulas.

Casa de las Calaveras
Frente a la Casa de las Calaveras

A la iglesia de las Úrsulas entramos y una monjita bajita, mayor y redondita nos animó a entrar a su minimuseo (2euros). Abierto en lo que fue el coro en el que cantaban las monjitas resguardadas tras cortinas y rejas, hoy muestra cuadros góticos y órgano. Como curiosidad nos explicó también que en el convento solo quedan “once y una inválida”.

Convento de las Ursulas y la estatua de Unamuno
Convento de las Ursulas y la estatua de Unamuno

La siguiente parada fue la Iglesia de la Purísima. Grande y luminosa, en su interior un señor vendía postales y hablaba por teléfono enfadado. “Se pensará la gente que mantener esto es gratis”, soltaba bien fuerte. Una sugerencia al templo: Pongan en algún lugar visible una caja que diga “para mantenimiento del templo” o bien al señor haciendo visitas guiadas previo pago o no lograrán mucho vendiendo postales. Para bien o mal, han pasado de moda. Aparte de eso, en su interior está un gran cuadro de José Ribera.

Seguimos a la calle de la Compañía donde vivió siendo estudiante una gran amiga y periodista llamada Llanos. Junto a su antiguo hogar almorzamos con una caña muy bien tirada y una tapa de “farinato”, revueltillo con chorizo morcilloso tremendamente sabroso típico del lugar. En Salamanca te pides una caña, te cobran 2,50, y te ponen una tapa de lo más generosa. Entre éstas también son típicas las tortillas de patata rellenas de cualquier cosa.

Tortilla de patata rellena  con mayonesa
Tortilla de patata rellena con mayonesa. Deliciosa!

En lo alto de la Scala Coeli

A dos pasos del bar entramos en la Casa de las Conchas (gratuita). El audio-guía nos enfocó a los leones, las flores de lis, el yugo y las flechas de los reyes Católicos y su ley del “desmoche”, que obligaba a derribar las torres de los nobles para simbolizar el poder de los reyes.

Cruzamos hacia la Clerecía, donde por el tiempo solo nos dio tiempo a ver la Scala Coeli (sus torres) porque la Clerecía cierra a medio día hasta las 15 horas. Desde lo alto de sus torres se ve toda la ciudad y en sus salas inferiores uno se ilustra sobre las discusiones que hubo entre Carlos III y los Jesuitas (que fueron expulsados) y también de dónde proviene la leyenda de la Casa de las Conchas que dice que bajo ellas hay un tesoro…

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Despidiéndonos de la Clerecía que quiso demoler las “Conchas” (que hoy se caen solas) fuimos en busca del astronauta de la Catedral “Nueva” levantada hace 500 años. Esquivamos a un menda que se ofrecía a localizarte a “Amstron” a cambio de dinero y lo encontramos gracias a un padre y su hijo. También descubrimos cigalas y otros bichos del siglo XX que nada tienen que ver con la mitología del resto del pórtico.

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La catedral nueva es impresionante dentro y fuera. Es una de las pocas edificadas anexionada a la antigua en vez de sobre sus ruinas. A la antigua se llega a través de la nueva cruzando la capilla de San Lorenzo. En la catedral antigua está la tumba de María de Castro, benefactora de la catedral, en la que pueden verse grabadas en piedra a las “plañideras”, aquellas mujeres que cobraban por llorar en los entierros en función al número de lágrimas que soltaban (y que recogían en un vaso de cobre y entregaban a la familia del difunto al acabar). También en la catedral antigua, en una de las capillas, está el órgano románico más antiguo de Europa.

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Tras salir de ambas catedrales uno puede acceder a sus torres medievales por el “leronimus” (que hasta final de diciembre organiza también visitas nocturnas los fines de semana).

Al contrario que las torres de la Clerecía, las de la catedral contienen salas en las que se expone la historia de su construcción y curiosidades, como los por qués de los “tañidos” de sus campanas, que variaban en función a si eran por la universidad, para exorcizar la peste, advertir el fuego, etc, y que las otras campanas de las iglesias de Salamanca debían seguir.

De las campanas de esta catedral surge también la figura del “mariquelo”, el que trepa a la torre vestido de charro para tocarlas. En todo caso, antes de llegar al campanario (con su útil y moderno semáforo que regula el acceso al último tramo de la escalinata), hay una sala sobre los Archivos y otro con las piezas singulares de las catedrales. Antes de bajar uno puede ver la ciudad desde un amplio mirador y empujar los “cuatro tambores del tiempo”.

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Callejeando hacia el puente romano nos topamos con el museo Art Noveau, una casa de fábula modernista alucinante. Otra cosa es su exposición permanente. Para gustos los colores, yo me quedé más prendada con el edificio que con su contenido (a excepción de las portadas de Vogue de los años 20 y 30 de una muestra temporal).

A escasos metros del museo está el Archivo de Salamanca. El edificio fue un hospicio de niños expósitos del XVIII que a partir de la Guerra Civil se convirtió en los archivos de la dictadura de Franco. En el 37 las tropas franquistas requisaron toda la información que pudieron de quienes vivían en el bando republicano. Allá fueron a parar los informes de servidores y defensores del régimen, como relata un documental que se muestra a los asistentes. “Hoy, en la democracia, el archivo ha permitido beneficiar a los vencidos por reconocerles los derechos arrebatos”, apunta.

Entre los archivos figuraban todos aquellos relacionados con la masonería, cuyos miembros eran considerados por Franco como enemigos peligrosos, hasta el punto de montar en ese lugar un museo “antimasonico” que solo ahora está abierto al público. Aunque su contenido es real, jamás formaron parte de una logia real. Más interesante que la sala montada con sus símbolos es la exposición sobre éstos con documentos sobre sus códigos. Para la educación de un hijo sus “mandamientos” rezan: “haz que hasta los 10 te tema, hasta los 20 te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los 10 años sé su maestro, hasta los 20 su padre y hasta la muerte su amigo”. Me gustó, aunque en España la masonería tiene un punto misógino raro (la Gran Logia de España-Gran Oriente español no permite a las mujeres ser miembros).

El lazarillo de Tormes junto al puente romano
El lazarillo de Tormes junto al puente romano

A unos 150 metros del Archivo de Salamanca está el puente romano por el que se accedía antaño. Un puente citado en el Lazarillo de Tormes, cuando el viejo cabrón le arrea al mozuelo un buen meneo al poner éste –a su indicación- la oreja en el berraco de piedra…

El sol ya no se veía en el horizonte cuando llegamos a la “Cueva de Salamanca”. Es una patata enlazada a una torre normal que no va a ninguna parte, pero esta “Cueva” de la que apenas queda nada tiene también historia. “Cuenta la leyenda que en este espacio, Satanás, bajo la apariencia de sacristán, impartía sus doctrinas de ciencias ocultas… a siete alumnos durante siete años, tras los cuales, uno debía quedar de por vida a su servicio. Enrique de Aragón, Marqués de Villena, y de quien la torre recibe su nombre, fue alumno de la cueva…”, relata el panel. Y concluye: “la leyenda de la cueva viajó a América, donde hay cuevas que se llaman ‘salamancas’”.

La Cueva de Salamanca

Agotados de un largo día haciendo turismo, decidimos regresar al hotel parando de bar en bar para probar vinos y tapas locales. De camino, encontramos a la tuna 🙂

La tuna en la plaza Mayor de Salamanca
La tuna en la plaza Mayor de Salamanca

4 thoughts

  1. Es una ciudad que me fascina, por todo lo que has contado y a parte porque parte de mis raíces son de allí, estupendo relato como siempre

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