Elisa y su aventura en un trineo tirado por huskys

beito

No recuerdo el tiempo que había pasado sin hablar español de tú a tu. Hacía meses que se habían ido los españoles que pasaron por Svalbard para montar, para la empresa Indra, una inmensa antena en una cumbre helada. Hablaba y soñaba en inglés y en noruego y tenía ya olvidado lo vertiginoso de nuestro idioma. En esas estaba cuando llegó la buena nueva. Otra española había aterrizado en Longyarbyen. Se llamaba Elisa, era novia de un escandinavo con cara de ángel que llevaba excursiones con perros huskyes en la isla y venía a quedarse con él.

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Saber que había otra loca que se había apuntado a la aventura fue un subidón. La conocí en pocos días y creo que pensó que era algo retraída o poco comunicativa porque me costaba seguir su torrente de castellano. Pronto me adapté y ella terminó siendo para mi un punto de apoyo, pese a vernos poco porque nuestros horarios no coincidían.

Ella se hizo a Svalbard muy rápidamente.Era feliz convertida, de publicista de Madrid, a cuidadora de perros en el duro Ártico. Me asombraba su sonrisa permanente pese a algún sinsabor… La convivencia es aún más difícil si uno la intenta en un paraje tipo “Doctor en Alaska” y con un extranjero. Pero le salió bien.

Cuando yo ya había regresado a España ella y su chico se marcharon del archipiélago a la península noruega y montaron en ella la empresa Beito Husky Tours AS.

Gracias a Facebook seguimos en contacto. Y gracias al programa “Españoles por el mundo” la volví a ver hace unos meses la mar de feliz viviendo en el que sería el paraíso de Heidi.

Reindeer

En verano organiza para los turistas actividades que duran desde varias horas hasta viajes de varios días. Con su “Husky Cart Safari” uno aprende a manejar  su propio equipo de huskies. Un guía experimentado te da las indicaciones pertinentes y lleva el primer equipo de perros de tiro, al que sigue el resto de manera natural. La excursión de dos horas recorre aproximadamente 5 kilómetros y va, según me cuenta, “por caminos de tierra en zonas bonitas”. Llevan vagones especiales con un asiento delantero en el que poder sentarse cómodamente (sobre todo los niños). La excursión cuesta entre 590 y 450 coronas (unos 75 euros) e incluye material necesario, guía específico, un equipo de perros de tiro –compartido-, snacks y refrigerios.

Pero los perros no sólo tiran de los trineos. Elisa organiza también ascensión a la montaña Mugnatind y otros recorridos en los que los huskys son los “serpas” y llevan en unas alforjas especiales la comida y la leña. También, como tienen al lado el lago Øyangen,  invitan a ponerse en contacto con la naturaleza y a quitarse el extrés sobre canoa, parando de cuando en cuando en alguna orilla al calor de una cálida fogata…

Ese es el trabajo de mi amiga Elisa, la española que encontró la felicidad siguiendo a un trineo tirado por huskys.

Si apetece probar, aquí dejo su web y su facebook.

Recuerdos de un día de verano en Svalbard
Recuerdos de un día de verano en Svalbard

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