De Ruta por Madrid

España Cañí

Vivir en Madrid hace que uno se olvide de mirarlo. Al menos en mi caso, nunca paseé contemplando y descubriendo sus edificios singulares, la estética de sus antiguas tabernas, ni me interesé por la historia de sus rincones mientras fue mi hogar. Es ahora, cuando mi estancia en la ciudad se limita a vacaciones de Navidad y paradas de paso, cuando me convierto en turista, en visitante ávida de verlo todo. Para ello esta ciudad, la más bonita del mundo (sí, es cierto que muchas me quedan por ver), ofrece un sinfín de opciones. Desde el dejarse llevar repostando fuerzas a base de churros, cervezas y tapas, como hice la primera semana de 2013 con mi familia, o a través de  rutas, que merecen la pena para todos. Éstas las ofertan tanto Ayuntamiento de Madrid (han de reservarse con antelación y cuestan unos 6 euros por cabeza), como personas y empresas. Aquí dejo el link de un profesor madrileño que las organiza: Caminando por Madrid. También se puede ir con la ayuda de guías o libros. Recomiendo uno: “Madrid Oculto” (de Marco y Peter Besas), perla encontrada sin proponerlo en una tienda muy interesante del barrio de las letras, en la calle Huertas 47 (su único problema es que no aceptan tarjetas).

 De los baúles del bisabuelo Julio a Malasaña

(De ruta por Madrid I)

Parada de Argüelles

El primer jueves de 2013 partimos desde Argüelles para redescubrir Madrid en una ruta a pie que nos llevó por todo el centro y que se alargó desde la mañana a la tarde. Empezamos a buen ritmo por la calle Rodríguez San Pedro, pasando por un edificio que vi antes un millón de veces sin que me llamara la atención y que resulta que fue un modelo arquitectónico en la década de los 60. Se trata de la Casa de las Flores, un bloque de viviendas diseñado por Secundino Zuazo Ugalde (como cuenta la Wikipedia), cuya mayor particularidad, además de la estética exterior y el patio interior, es que fue casa de Pablo Neruda los dos años previos al estallido de la Guerra Civil española.Casa de las Flores, Madrid

Logo Baúles Julio Portolés

Continuamos hacia la calle Princesa para transportarnos, a través de los recuerdos de mi padre, al glamour de otros tiempos…

En el número 3 de esta avenida, antes de que se izara  en el solar la Torre de Madrid en los años 50, mi bisabuelo Julio Portolés abrió su primera tienda y taller de baúles y maletas. Una empresa fundada en 1918 que cobró gran relevancia en la capital, trasladando la tienda en los 60 al entonces número 17 (más o menos donde hoy hay una oficina de Bankia) y los talleres a la que fue la calle Victor Pradera 4, vial renombrado en la democracia como Juan Álvarez Mendizábal. Mi padre nos relató que en aquellos talleres confeccionaban baúles camarote para artistas como la Piquer; y maletas de cuero para actores famosos de Hollywood que acudían a Madrid a rodar en Las Matas (a 30 kilómetros) con el productor Samuel Bronston, el artífice de “55 días en Pekín”, “La Caída del Imperio Romano” o “El Cid”, que montó allí sus estudios y pidió descansar para siempre. “Aún recuerdo el día en que vino ese actor tan alto… el de las películas del oeste… ¡si! John Wayne!”. Hay tristeza por los avatares del pasado en mi padre. “También arreglaban las sillas de montar de la duquesa de Alba, vecina”, añadió.

Palacio de Liria, Madrid

Palacio de la Duquesa de Alba

El palacio de Liria está casi enfrente. Antes de llegar descubrimos un grabado en la fachada del número 22 que dice “Cayetana, 1935” y cuyo significado ignoramos. No así lo que indicaba, literalmente, el nombre del vial que hace esquina: Seminario de Nobles. Mi madre me enseña que para ver el Palacio de Liria basta con ir a la entrada del portero, a mano derecha, donde no hay tanta vegetación y se puede ver el edificio entero (por fuera, por dentro hay que pedirlo a la Fundación Casa de Alba).

Fachada con Mingote. De rutapormadrid

Más adelante, en las escaleras que conducen a Conde Duque, hay una casa rehabilitada cuya fachada está llena de dibujos del ilustrador Mingote. Bajo ella, la estatua de una mujer singular, Emilia Pardo Bazán, quien fue periodista y escritora en el siglo XIX (en su obra figuran incluso libros de viaje).

Y llegamos a la plaza de España. Descubro más historias familiares que me llevan a un tatarabuelo alabardero del rey, a la boda de mis abuelos en la parroquia de San Marcos y a un triste edificio España. El pobre está tan vacío que parece Seseña. En mi memoria entro en él una y otra vez. Veo su piscina en la azotea, sus espejos y las barandillas doradas bien brillantes… Fue un edificio lujoso y bullicioso, con pisos, tiendas, turistas de postín de su hotel Plaza y más de 400 oficinas entre las que figuraban las de míticas líneas aéreas como la PanAm, Avianca, Lufthansa, Swissair, Sabena, Viasa, Varig… En una trabajó mi madre muchos años.

Edificio España, vacío
Edificio España, vacío
El quiosco del edificio España
El quiosco del edificio España

Pasamos frente a lo que resta de su oficina, que da a la calle de los Reyes, y dejamos que nuestra historia nos guiara. Pasamos el instituto General Cisneros (antigua universidad) y repusimos fuerzas en un bar de San Bernardo con café y porras. Tras fotografiarnos con una estudiante de bronce seguimos por la calle del Pez, hasta San Vicente Ferrer y girando hasta la plaza del Dos de Mayo.

De ruta por el 2 de Mayo

Cuando vivía en Madrid era posible resguardarse de la lluvia bajo el monumento de la plaza del Dos de Mayo, que parece una puerta (y en realidad es lo que resta del depósito de armas que tomaron los madrileños para rebelarse contra los franceses). Hoy está vallado junto a sus estatuas, los dos líderes sublevados vestidos con el atuendo de otros héroes íberos que plantaron cara a los romanos. Miré la plaza pensando en los botellones de antes. Y miré de lejos el café en el que Dulce Chacón celebró la edición de uno de sus primeros libros (“Algún amor que no mate”). Luego tomamos rumbo a Malasaña por la calle San Andrés.

Merece en este lugar una parada para disfrutar con los azulejos que ilustran la fachada de una histórica farmacia (muy interesante leer sus anuncios), así como con los de la pollería con que linda en la calle San Vicente Ferrer, donde vivió la escritora Rosa Chacel.

Cartel en Malasaña.

De ruta por Malasaña

 Fotos

La calle Espíritu Santo es tan distinta de día… Ahora además está llena de tiendas curiosas y portales con mucha historia, con muchos “Secretos”. Por la Corredera Alta de San Pablo llegamos a la plaza de San Ildefonso. Ya no está El Grial, pub que solía frecuentar. Hay otro en su lugar, pero pasada la plaza, en la calle Colón, me alegró ver aún vivo “Al’Laboratorio”, donde siempre había buena música en directo. Solía ir  a ver tocar a los Tea (un grupazo de Madrid). Con su música en mente tomamos rumbo hacia la Gran Vía…

Plaza en Malasaña

Calle Espíritu Santo (Malasaña)

Pollería auténtica de Malasaña, y casa de escritora Rosa Chacel

10 thoughts

  1. Me ha encantado y además escrito por una periodista de las de verdad, de las de periódico de papel y plumilla, de las que aún van por el mundo con los ojos abiertos con lo nuevo. En este caso lo viejo-nuevo. Y más me gusta aún que partas los relatos, así se esperan con más ganas las continuaciones. Espero con ansias las entradas en la Gran Vía y más allá.

  2. Estoy gratamente sorprendido con tus relatos querida Raquel. Para un viejo madrileño resulta placentero que le recuerden lugares por los que ha pasado en muchas ocasiones y le señalen detalles y datos en los que nunca ha reparado, de forma tan amena y desenfadada. Ademas no sabes la cantidad de recuerdos que me ha traido el relato de tu
    paseo por Gran Via. Un Globito bonita.
    Emilio Ibeas.

  3. Raquel, me han encantado y enganchado tus relatos. Como dice Tony, me apetecería seguir leyendo más, así que lo dejaremos en:
    continuará en próximos episodios por Madrid…¿ que te parece ?

  4. Como me gusta la forma de relatar tu paseo, te vuelvo a repetir que parece que voy a tu lado, creo que te tendrías que proponer en serio el escribir un best seller, ya sea de viajes o con episodios familiares, que ya sabes que tienes un filon

  5. Hola hija o tal vez sobrina, no se , no te conozco,soy Julio Alberto Moron Portolès nieto julio Portolès al que te refieres en tu decadente y falso relato.Es una vergüenza que te apropies de la historia familiar y lo que me da mas pena es que seguro que alguien como mi madre Carmen Portolès y hija de Julio Portoles ,o alguno de sus hermanos mis tíos te habrán contado sus recuerdos y tu los has hecho tuyos, dejando patente que no tienes ni originalidad ni dignidad.
    Fdo:Julio Alberto Moron Portoles.

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