Florencia en un Día

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Tras un desayuno en el hotel bastante malo partimos rumbo a la capilla de los Medicci, en la Basílica de San Lorenzo. Por el camino nos topamos con un “mercadillo” de artículos de cuero que con el mismo nombre se monta en el centro (una sucesión de puestos con género a precios de boutiques en los que con mucho regateo apenas logras que bajen a 40 euros un bolso de lo más normalito).

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Después, a la plaza del Duomo (que significa catedral). Fuimos a ver la Cúpula de la catedral de Santa María dei Fiore y su Torre.

Apenas esperamos media hora para entrar poniéndonos en la cola en la que tienes preferencia pagando más que los demás. No deja de ser curioso que para entrar en iglesias o en el Vaticano baste pagar más… Pero vaya, que merece la pena.

La basílica dei Santa Maria del Fiore es tan espectacular como me la describió, hace más de 20 años, Concha, mi profesora de Arte de COU. Lo que entonces no pudo contar es que Brunelleschi además de la afamada cúpula creó –entre otras cosas- su propio sistema de “copyright” para ésta. Lo hizo camuflando la técnica utilizada bajo ladrillos vistos que simulaban una distribución y ángulo diferentes a los que realmente soportaban la estructura. Un descubrimiento hecho público en 2011 por un arquitecto italiano, Massimo Ricci, en una conferencia de la National Geographic Society.

Frescos Cúpula basílica de Santa Maria del Fiore

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Desde lo alto de la cúpula de la catedral de Florencia

Uno puede subir a lo más alto de la cúpula (o casi) por la típica escalitana angosta de unos 500 peldaños encajonada en un cilindro de piedra. Arriba puede recorrerse la bóveda para ver con detenimiento sus frescos gracias a un pasillo circular. La caída libre la impide una valla y una mampara de plástico rayado que fastidia todas las fotos pero que amortigua el vértigo.

Nave basílica de Santa Maria del Fiore

Escalera a la torre de Santa Maria del Fiore

Tras subir la escalinata infinita, bajarla y recorrer la nave central de la catedral (donde hay un curioso reloj y cuyo suelo para sí lo quisiera el químico que inventó el LSD, droga que por cierto he leído que igual se recupera para alguna terapia), bajamos a la cripta. Este templo cristiano también está edificado sobre restos romanos.

Después fuimos al Campanille, la torre. Y otros cuatrocientos y pico escalones que también merecieron la pena. En este caso uno puede ir parando en plantas intermedias y una vez uno llega arriba tiene unas vistas absolutas de Florencia y una visión diferente del “Duomo”.

Sólo restaba ver el Baptisterio, que no deja de ser una iglesia muy oscura y recargada, pero que estando allí hay que ver.

Nos ganamos unas cervecitas bien frías en la misma plaza, que completamos más tarde con un par de porciones de pizza de un establecimiento pequeñito que encontramos de camino al Palacio de la Señoría, conocido también como Palazzo Vecchio de Florencia.

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En una de sus salas más conocidas (Sala de los Quinientos) vimos personas estudiando con artilugios de alta tecnología un mural enorme (pintado por Vasari). Resulta que se cree que bajo el inmenso fresco está escondida una obra de Leonardo da Vinci. No me extrañaría que en una tercera entrega de las aventuras del profesor de “El Código Da Vinci” nos encontráramos con esta investigación, no exenta de pistas cinematográficas. En el mural de Vasari, a los ojos de todos, una bandera verde que porta un soldado del enlatado ejército tiene escritas dos palabras: “Cerca e trova” (busca y encuentra).

El palacio también alberga una sala con mapas antiguos de lo más interesantes!

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Rotos, pero no vencidos de tanto andar, pasamos de la Galería de los Uffizi y completamos la jornada en un museo más especial, que no venía en ningún folleto, y que encontramos cuando visitamos la casa de los Médicci: el museo de Leonardo da Vinci. De pequeño tamaño, dentro puedes ver y tocar algunos de los útiles de este genio del renacimiento cuya vida relata un documental fantástico en una salita, a través de una pantalla gigante. Lo empezamos a ver cuando comenzaba y como estábamos reventados lo disfrutamos hasta el final… duró hora y media. Una sesión de cine documental total!!

Museo Leonardo da Vinci

Por la noche nos pegamos el capricho y fuimos a cenar a un restaurante que nos recomendó alguien, el Cirilo&Sons. Decoración súper chula, comida deliciosa (buena carne), buen vino y todo amabilidad. ¿Qué más se puede pedir? Una cuenta que baje de los 100 euros, pero ya se sabe que todo es imposible.

Aquí os dejo para terminar otras fotos del Palacio de la Señoría o Palazzo Vecchio


Vistas desde el Palazzo Vecchio
Interior del Palazzo Vecchio Palacio de la Señoría

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