Montemayor, historias de un paraíso escondido (II)

Cigüeñal Montemayor del RíoAdemás de las casas rurales y el hostal, hay algún piso en el pueblo que se alquila para vacaciones. El nuestro era amplio, con tres alcobas de las de antes, de esas sin ventana o con una horizontal a ras del techo que da al salón. Estaba en la plaza del abrevadero donde antaño se llevaba al ganado. Desde su larga terraza se veía toda la sierra. Tras ella está Extremadura, el Valle del Jerte y la Vera, que dicen envían la Primavera a Montemayor del Río cada año, correspondiendo éste con el otoño. También desde ella se veían los tejados, el cigüeñal y la casa “del reloj”, justo enfrente, invitando a inventarse historias a lo “la rue del Percebe” retocadas al tiempo medieval.

Casa del Reloj. Montemayortejas

Desayuné el primer día disfrutando de esas vistas con mi madre y la luz rojiza del reciente amanecer. Zampamos unas rosquillas riquísimas que ella había comprado la víspera en la Bollería Nieves, regentada por dos mujeres campechanas y alegres. Muy recomendables también sus pastas, a años luz en su sabor de las que pueden comprarse en ningún otro lugar.

Las pasteleras de Montemayor del Río

Nos quedamos pensativas pensando en que después de… ¿décadas? iban a ser las primeras vacaciones en familia. No dejaba de resultar extraño por el momento y por el lugar. Me relató lo ocurrido el día anterior a nuestra llegada.

Al final de la misa, Don Pedro, quien con 84 años sigue dando el servicio después de medio siglo, leyó para pedir una oración por dos ausencias. La segunda rezaba: “Por los hijos de doña Josefa y don Eduardo, todos ya fallecidos, y sus familiares, siendo el último Herminio, fallecido el pasado 17 de marzo”. Era domingo y puente, con lo que la noticia no escapó a casi nadie.  Había muerto quien llamaba a los mozos “capullos” y a las mozas “capullitas”. Mi Abuelo.

iglesiaconcastilloalfondoLa misa -meses después de su marcha- tuvo lugar en la única iglesia del pueblo, la de Nuestra Sra.de la Asunción, construida en el siglo XIII. En ella se encuentra el Cristo de las Batallas, por quien estos días tienen lugar las fiestas locales. El templo ha sufrido modificaciones a lo largo del tiempo y se aprecia la restauración en elementos del exterior. Además, un panel recuerda que tuvo un amplio soportal que fue derribado en 1761, como el zaguán, causando la ira de los vecinos. La iglesia estaba dentro de los muros del castillo pero hoy está extramuros, junto a la amplia explanada que los separa, usada durante largo tiempo como campo de fútbol y que sospecho fue el verdadero patio de armas.

papaycarlosFue uno de los primeros lugares que visitaríamos en nuestra incursión por esta villa de calles empinadas y estrechas. Cerca de La Loba, el pub del pueblo ya cerrado para siempre, encontramos a Dolores. Con 67 años, paseaba con sus amigas cuando paró a entablar conversación. Había sido alumna de Doña Josefa, mi renombrada bisabuela, sobre quien la familia cuenta que daba leche a los niños de sus vacas y hacía una matanza para ayudar a los necesitados, méritos que hacían que por su santo el pueblo desfilara frente a su casa. Pero Dolores puso un apunte menos bonachón a la caritativa maestra. “Nos pegaba con la regla de madera sobre las palmas”, soltó -para sorpresa de mi madre- mientras su amiga asentía y mostraba cómo las ordenaba poner las manos para el castigo. En seguida añadió: “Pero todos la queríamos mucho”. Me hizo tanta gracia el novedoso perfil fustigador de la dama que esa tarde dibujé a mi bisabuela con su vara poderosa.

Doña Josefa, la maestra
Doña Josefa, la maestra
Con las alumnas de Doña Josefa
Con las alumnas de Doña Josefa

La escuela estaba donde aún permanece abierta recibiendo niños de varios pueblos, pegada a la residencia de ancianos. Ambos edificios están frente al  castillo. Pero no ha sido el único lugar docente. Hubo otra casa donde se enseñaba siglos atrás.

La encontramos paseando gracias a uno de los paneles que relatan el pasado de Montemayor del Río y que están dispuestos por toda la villa. En él se recuerda que en los siglos XVII y XVIII la enseñanza dependía de la beneficiencia, al no haber dinero público para los costes del profesorado. En esta localidad el salario del maestro de Primeras Letras lo cubrió al Patronato de Legos, surgido de la herencia dejada por uno de los emigrantes, Don Juan Camargo y Flores, fallecido en Indias…

Antes de comer tuvimos tiempo de dar una vuelta por los alrededores. Montemayor está rodeado de senderos para todos los gustos y niveles de dificultad. Muchos siguen el trazado del río, Cuerpo de Hombre, apto para el baño.

 Junto a la Ermita, a la entrada del pueblo, hay una alameda con una playita que da a una de las partes más anchas y que hace las veces de “piscina municipal”. Es agradable quedarse sentado ahí al atardecer escuchando el agua pasar, escribiendo o leyendo.

Después uno puede recibir la noche tomándose un vino y unas tapas en el bar que hay a escasos metros. Se llama Los Castaños y es muy recomendable. Los domingos sirven arroz o parrillada de carne y entre semana tienen buen género a buen precio. Allí acabaríamos el día, brindando con vino por quien incluso en plena demencia aconsejaba “sonreír siempre en la vida”. Y añadía: “Tu entras en una casa, te sonríen, y te sientas tan a gusto”. Qué gran verdad.

Mi abuelo Herminio
Mi abuelo Herminio

OTROS ARTÍCULOS DE MONTEMAYOR DEL RÍO:

  1. Historias de un paraíso escondido I: La llegada a Montemayor y el pasado emigrante de sus gentes

10 thoughts

  1. Como le hubiera gustado a mi padre leer sobre su precioso y querido pueblo. Hoy, día internacional del alhzeimer me viene a la mente sus últimas miradas a veces perdidas, pero siempre con una sonrisa que me enternecía. Siempre le recordaremos sonriente, alegre y diciéndonos piropos bonitos. Te quiero papá, allá donde estés, acompaña siempre a tus nietos.

    1. El tío Herminio te envolvía de cariño con sólo aparecer , sus ojos transmitían tanta alegría como su sonrisa , y su saludo era “¿Cómo está mi princesa? .
      Yo le quise muy especialmente desde niña. En su honor compartiré uno de los recuerdos más vivos de mi infancia.
      Tenía 6 años y llegué a Madrid con mi abuelo para entrar en un internado. Compartí su casa, y se pasó varios días aleccionándome para comportarme como lo que él llamaba “una señorita”.
      Me aleccionó sobre lo fino que quedaban utilizar en ocasiones los diminutivos. Me enseñó qué palabras no se entendían en Madrid porque eran propias de Montemayor ( tan cercano a Extremadura), que lo correcto era decir “en seguida”, en vez de “ascape”, y otros muchos ejemplos. Me indicó como una señorita debía caminar erguida con la espalda recta y la cabeza alta. Sonrío al recordarlo.
      Por la noche me hacía salir de casa, cómplice e impaciente, como un niño, para que viera los ciervos, cerca de la casa, ( sierra de Madrid).
      Espero no esté fuera de lugar este largo y personal comentario. Es un homenaje a un hombre bueno y muy querido. No sólo por mí o la familia. En su querido pueblo de Montemayor cuantos le conocieron en su infancia y juventud, cuantos compartieron con él el vino o el café y las partidas de cartas (cuando se escapaba al pueblo unos días casi todos los años), en suma, cuantos le conocieron y trataron le apreciaban y todos, al conocer la noticia sintieron su pérdida.
      Querida Raquel, El espíritu de tu abuelo sigue en el pueblo, lo encontrarás camino de las fincas o mirando el río, y lo recordarás cuando camines por un sendero y pienses que hay que ir limpiando un poco de la maleza para que las veredas no se desdibujen o apartes una piedra o una rama por los que vengan detrás.
      El espíritu de tu abuelo está en ti , en tu alegría y en tu sensibilidad ( y el de la abuela “Doña Josefa” en tu tesón y hermoso ojos)
      Creo que te ha conquistado ese rincón llamado Montemayor y su campiña. No esperaba menos. Seguro que cuando puedas harás escapadas . No dejes de escribir cuando lo hagas y sigue escribiendo.
      Me gusta mucho tu blog. GRACIAS por compartir tus vivencias, pensamientos y sensibilidades con nosotros.

      1. Muchas gracias Emilia, son unos recuerdos preciosos. Yo recuerdo lo de que una señorita tenía que ir recta. El truco era saber llevar un libro sobre la cabeza. Un abrazo muy fuerte. 😉

  2. Me encanta lo que ha escrito Emilia, son recuerdos auténticos del abuelo, era un hombre optimista y bueno que impartía energía positiva a cuantos le rodeaban. Ha sido un placer pasear por el pueblo y oír tantas cosas buenas de mi padre. Gracias a todos por recordar como era….

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