Pescar con caña junto al mar y evadirte ante el gran azul

Pescadores del club Jonense de Villajoyosa. http://goo.gl/2vAYsU
Pescadores del club Jonense de Villajoyosa. http://goo.gl/2vAYsU

Hay pocas actividades que inspiren más paz que ver a un pescador con su caña, en la orilla del mar o en un espigón, dejando que su mente viaje con la marea mientras espera paciente que pique el pez. La escena es habitual por el levante, quizá porque el mar cálido se presta a un arte de pesca que ve peligrar su existencia por la crisis y por las prohibiciones. Por un lado ya cuestan un pico hasta las lombrices, y por otro, las autoridades ahora envían a la guardia civil a multar a los pescadores que lancen sus plomos desde puertos o espigones como si fueran a arrasar con todo bicho a su alcance como una red de arrastre.

Al menos les queda la orilla del mar. Desde este mes que acaba de abrirse la temporada se les puede ver junto a ella en hileras. De dos en dos o en grupos más amplios clavan sus pies a tierra para tornear su espalda a base de lances que lleven lejos sus lombrices. Éstas son de lo más internacionales. Están las “Coreanas”, las “Tita” y las “Americanas”, éstas últimas más caras, a razón de 4,50 euros la caja de cinco. Y están las Beta, que suben a 5,60.

Para pescar, además de lombrices, necesitan cañas. Las de ahora ya no son de madera sino de aluminios ligeros que pueden alcanzar los 1.000 euros de precio, aunque también las hay de 200. Aparte de eso, desde el próximo marzo tienen que pagar obligatoriamente una licencia que sale por unos 22 euros al año. Eso sí, si formas parte de un club ya se incluye en la cuota y además puedes participar durante 10 meses en sucesivas competiciones locales, provinciales o hasta nacionales.

En Villajoyosa está el Club Jonense, cuyos integrantes amablemente me explicaron hace unos días las bondades de esta actividad ancestral: disfrutar de un compañerismo envidiable, conversaciones que emergen de horas frente al mar, atardeceres inolvidables, evasión de preocupaciones ante el infinito azul… y la adrenalina. El “subidón” repentino cuando pica el pez, cuando “el corazón se te pone a mil” y vas recogiendo el hilo expectante de ver si es o no una buena pieza…

pezvilero

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