Visita a las bodegas “Habla” (Extremadura)

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Con 200 hectáreas de uva y gran ambición por parte de dos socios que carecían de experiencia en la producción de vino, aunque les sobraba pasión por éste, nacieron en 2003 las bodegas Habla en medio del frío y calor extremos de Trujillo (Extremadura).

A apenas 10 minutos en coche de la monumental población, en las bodegas atienden al público en sus oficinas para la compra de botellas y organizan visitas guiadas para grupos los fines de semana… menos cuando organizan alguna para algún grupo entre semana. La “ruta” cuesta 12 euros por cabeza e incluye una cata de diversos vinos al final del recorrido.

Se inicia en un salón con unas vistas impresionantes de los viñedos, donde explican que las podas las realizan enero y febrero, agresivas, el “clareo” en primavera y a finales de agosto o en septiembre, la vendimia.

habla_trujilloEl grupo es guiado después a una sala de reuniones donde el representante de la bodega explica cómo el calor excesivo de Trujillo hace más difícil sacar un fruto de calidad. En este caso el truco está en el riego, calibrado en función a pruebas constantes de “estrés Hídrico” para saber cuanta agua necesitan exactamente.

Revelan el origen de su nombre, “Habla”, logrado tras largas horas de reuniones regadas con vino. Según relata el “guía”, como les parecía que el vino era insuperable, su creativo decidió hacer un homenaje a Miguel Ángel y llamarlo “habla”, en recuerdo del momento en que el escultor “mandó” hablar a su “Moisés”, cuando al verlo tan perfecto pensó que lo último que le faltaba era cobrar vida.

Tras explicar también cómo fue la estrategia de marketing realizada para captar la atención de distribuidores, guiados por un creativo llamado Valentín Iglesias, muestran las diferentes botellas por las que han ido pasando los sucesivos “Habla”, todos con sus respectivos números, irrepetibles.

Después, llega el momento de llegar a donde almacenan el vino. Primero en un gran almacén con depósitos de metal. A continuación, una zona con barricas y la sala de  las joyas de la corona: la que guarda algunas botellas de cada una de las vendimias realizadas desde inicios del siglo XXI.

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La última parte de la visita, tras visitar otras dependencias incluida la azotea para disfrutar de las panorámicas de los viñedos, es la cata. En una amplia sala realizan un pequeño curso de cata al tiempo que presentan varios de sus caldos. La charla es amena, alejada del lenguaje para “listillos”, y destierra ideas preconcebidas sobre “poses” a la hora de probar los vinos. ¿Ejemplos? Da igual a que huele el corcho o cuánto lagrimea el vino. Lo importante es cómo huele y sabe este, cómo lo catamos en boca. Lo demás, en la mayoría de los casos, puro teatro… 😉

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PD: Sugerencia a las bodegas: Mostramos nuestro interés en hacer la visita guiada entre semana y nos dijeron que no era posible. Tuvimos suerte cuando pasamos igualmente, a comprar, nos enteramos de que ese día hacían visita aunque no era fin de semana. Sugerimos llamar a las personas que hayan mostrado interés en una actividad en días no programados, si éstos al final se realizan 🙂

 

Destino cercano: Mérida

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