Plan con niños en Madrid: Visita al Estadio Santiago Bernabeu y al Museo de Ciencias Naturales

 

Si hay algo que fascina a casi todos los niños es el fútbol y los animales. Por ello, la primera vez que visitamos Madrid con el formato de familia numerosa lo hicimos con un plan que sabíamos no iba a fallar: el tour por el estadio Santiago Bernabeu y visita a un museo que recordaba con mucho cariño de mi infancia, el de Ciencias Naturales.

Para visitar el Santiago Bernabeu recomendamos estar bien pronto. Abre a las diez y es una hora idónea, pues aunque el tiempo de visita que indican es de hora y media, lo cierto es que nosotros nos tiramos casi tres (y yo no soy precisamente del Madrid, aunque sí lo era el resto del grupo).

Tras una amplia cola (los 20 minutos esperando no te los quita nadie), accedes por un lateral hasta una de las gradas más altas del estadio. Desde ella tienes una panorámica fantástica del volumen del recinto, aunque es difícil imaginar cuánto se vería en un partido de lo lejos que estás del campo. Después te dan paso al Museo del Real Madrid, un museo de la propia ciudad y de los recuerdos de todos.

En la entrada puedes alquilar una pequeña tablet que te va relatando lo que se ve en el interior. Nosotros cogimos una pero lo cierto es que dentro está todo muy explicado. Es un museo muy moderno que no ha escatimado en recursos audiovisuales para hacer más atractivo el recorrido por su historia.Grandes pantallas y otras táctiles con las que retrocedías en el tiempo atraían la atención de los más jóvenes, que leían todo con un interés inusual. Para los más mayores, las fotos antiguas eran más atractivas, y por supuesto, todo aquello que guardado en vitrinas muestra cómo era el fútbol en general en la época en la que se fundó el “Madrid Foot Ball Club” en 1902.

No es sólo la vida de este club la que está en su museo, también la de otros legendarios. A través de las luminosas pantallas ves a los protagonistas de quienes lograron sus primeras Copas de España venciendo al Athletic, al Vizcaya y al Sporting de Vigo durante la primera década del siglo XX, antes incluso de que se creara la Federación Española de Fútbol.

 

 

Pasan a toque de tacto sus estadios, que forman parte del desarrollo de Madrid. Nadie imaginaría ahora un estadio en medio de O’Donnel, pero lo tuvo, con capacidad para 5.000 espectadores, estrenado en 1912. Una década después inauguró el de Chamartin, con diez mil espectadores más, empezando a jugar en él los primeros fichajes de extranjeros. Después llegó la Guerra…

No hubo fútbol en España durante la Guerra Civil. No es que me llamara eso la atención, que es bastante lógico, sino lo rápido con lo que se reanudó el “espectáculo” en octubre del 39. Pronto tomaría también las riendas del club quien lo presidió durante 35 años, el exjugador Santiago Bernabeu, con el que también bautizarían un estadio que ya tiene prevista una remodelación impresionante.

Tras ver la historia del club uno pasa al apartado de las copas. Algunas eran más altas que alguno de los niños. Después se accede a una pequeña sala (comparada con lo demás) dedicada a la parte del club que más me emocionó: la del baloncesto. Si en el 84 saltaste del sofá con la Plata de España, no importa de qué club seas, te emocionas viendo la camiseta de Fernando Martín y las imágenes de un equipo como no hubo otro igual hasta el cambio de siglo.

 

Las Copas de Europa también se pueden ver, así como una zona dedicada a un par de jugadores antiguos en el área VIP. A través de ella el tour prosigue hacia el campo. Eso es sin duda lo que más emociona a los niños.

Cruzando el campo la siguiente parada es el palco, el banquillo del equipo, donde se puede sentar quien quiera, y los vestuarios. En el del Real Madrid cada jugador tiene personalizada su taquilla, lo que vuelve aún más locos a los enanos por imaginarse a sus ídolos ahí mismo.

A lo largo del tour también hay momentos para hacerse fotomontajes con los jugadores que se quieran . (Cuestan una pasta, 13 euros por foto, y no dejan que todos posen juntos, tiene que ser uno por foto). Aparte del precio, que no me gustó teniendo en cuenta lo que cuesta entrar en el recinto, me dio pena que no pudieran hacerse la foto con los grandes del club que hace tiempo que colgaron las botas, como Butrageño, por ejemplo. Sólo se pueden hacer foto con los jugadores de la temporada.

El final del club, como todo museo, es la tienda. En ella te dan las fotos y tienes salida directa a la calle. En cuanto a los precios del tour, van desde los 7 (bonificados) hasta los 25. También recomendamos mirar su web antes de visitarlo para estar seguros de cuando abren y de si pueden verse o no los vestuario o algunas zonas determinadas. Este es el enlace.

Tras dos horas y media en el estadio (en medio puedes tomarte algo en una minicafetería), la ruta prosigue a lo largo de la Castellana. A poco más de un kilómetro está el Museo de Ciencias Naturales. A los niños les enamoró. A los mayores que hemos estado en otros museos similares defrauda un poco, pero bueno…

Aunque se puede comprar las entradas On line, las taquillas están en el área de biología, que es la que recomendamos comenzar. El área de exposición no es muy amplia. Parte la ocupa ahora una exposición sobre oceanos que no merece la pena en nuestra opinión. Maquetas grandes de mamíferos marinos, pantallas tamaño televisor donde puedes ver peces en 3D y una película con mala definición.

Aparte de eso, hay una sala con exposiciones itinerantes (ahora con imágenes de Africa) y lo que más llama la atención a los niños: una sala redonda y amplia que se accede a través de un pasaje en cuyas paredes elevadísimas hay hay reptiles disecados de enormes dimensiones. La sala a la que se accede es el Real Gabinete de Historia Natural, la exposición que proviene de las muestras que comenzó a recopilar en 1771 el rey Carlos III.

Tras ésta puede verse también la zona con animales disecados provenientes de la sierra madrileña. Aguilas, buitres, jabalí, tejones y otros seres de los montes de Guadarrama.

Finalizado este edificio, hay que acceder al de Geología, que en nuestra opinión es mucho mejor. Es donde están los esqueletos de grandes dinosaurios y donde hay una sección excepcional sobre el desarrollo de la raza humana. Tras visitar los museos de Ciencias Naturales de Londres o Viena a éste le falta incorporar una maqueta u otro elemento que realmente llame la atención para los pequeños y puedan hacerse una idea de cómo eran esos esqueletos en vida.

Aún así, sigue siendo un museo genial para ir con niños, que después de las dos visitas terminan además agotados.

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