Ya casi se está yendo.
No sabe que una maleta vacía le aguarda
Ríe, bromea, come.
Ignora que la cuenta atrás está echada.
La decisión irremediable,
advertida, probable y -en su mente- impensable.
Y no entiende el plomo de mi mirada
ni percibe mi conciencia vencida.
Sólo ríe, bromea, come.
No sabe de nuestra firma en su billete de no retorno.
Ni de la maleta impaciente del armario de la entrada.

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