Del Inglés que se arruinó con una Montaña de Mármol

Nuevo Londres. 1912

Ny-London
Ny-London. Svalbard

Relato aquí la última historia rocambolesca que descubrí en Svalbard, más que nada, para dejar que los viajeros descubran algo por su propia iniciativa. Esta historia trata de un inglés que quiso hacerse rico vendiendo una montaña de mármol descubierta en estas islas heladas. Porque no sólo los españoles tenemos un pasado ridículo en el Ártico. Los noruegos también se rieron a carcajadas con otra expedición -de carácter minera en este caso- liderada por el británico Mansfield. Visionario para unos, mequetrefe para otros y estafador para muchos, este empresario inglés confundió Svalbard con El Dorado y tuvo la osadía de fundar un puerto al que llamó Nuevo Londres (Ny-London), muy próximo al asentamiento noruego de Ny-Ålesund, del que estaba convencido que partirían durante años buques llenos hasta la bandera de toneladas de un rosado y atractivo mármol….

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Pero el inglés, según nos relataron, carecía de capital para tal empresa. Así que antes de montar el asentamiento en el Ártico (con tren, mina y puerto incluidos), convenció en su Londres natal a muchos inversores para que le dejaran los cuartos bajo la promesa de hacerles aún más ricos de lo que eran.

El reclamo: “Descubierta una isla de mármol puro”.

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Excelente comerciante, logró en 1911 ponerlo todo en marcha. Unos 70 trabajadores se pusieron a la faena y para antes de final de año ya estaba embarcando el primer cargamento de mármol. Y partió.

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Pero en la travesía pasó algo que llevó al traste la aventura. Para siempre. Ocurrió algo en lo que ningún inglés reparó y que algún noruego advirtió: el permafrost. Por él, el mármol se fue desintegrando según se alejaba de la isla hacia latitudes cálidas, hasta que en vez de una tonelada de piedra, llegó a Londres como una tonelada de grava.

Años después el olvidado “Nuevo Londres” fue vendido a Noruega. Hoy es visitado por los turistas que llegan hasta él en barco. La leyenda dice que la empresa “Mansfield Mármol” es uno de los primeros ejemplos de “burbuja del mercado de valores”. Tan pronto una ilusión hizo subir el valor de las acciones de la compañía como arruinó a todos los que apostaron por ella cuando la realidad “pinchó” de golpe los beneficios prometidos.

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