En Casa de Unamuno, la Salamanca universitaria

juntolauniversidadCon los tragos de la víspera nos levantamos más tarde de lo previsto. Tras un desayuno estupendo en el glamuroso salón del hotel, lo abandonamos para dejarnos llevar por la Salamanca Universitaria. Llegamos justo para la última visita diaria que hay para ver la casa de Unamuno (11.30).

UnamunoConstruida en el siglo XVIII, fue ocupada por el ilustre catedrático junto a su mujer y sus 5 primeros retoños durante su etapa docente en la ciudad hasta 1914 (que fue expulsado). En ella se inspiró y publicó sus obras más conocidas, como Niebla, libro de obligada lectura en el instituto. En un salón que servía de claustro, las visitas ven un breve documental sobre el edificio y su literato. Después suben a la parte superior de la vivienda. Ahí está su dormitorio, su comedor y hay expuestos textos, fotografías y otros objetos legados por la familia del escritor. Para nosotros el tiempo que dejan estar arriba es insuficiente. Entre las cosas curiosas que hay están fotos de la proclamación de la República en Salamanca con él pasando revista a las tropas, un pasaporte válido hasta enero del 36 para viajar a Europa, la carta de la esposa de un pastor evangélico que le pide ayuda porque a su marido le acusan de masón –y explica que lo es- sus gafitas redondas, un monje de papel cagando (era maño con la papiroflexia) y sus palabras: “Volveré, no con mi libertad, que no vale nada, sino con la vuestra”.

los 3 pecados del estudiante...
los 3 pecados del estudiante…

A escasos metros de la casa donde residió Miguel de Unamuno está la entrada de la universidad y el Patio Chico. En la fachada de la primera hay casi siempre una multitud mirando en busca de la famosa ranita de la suerte, la que dicen si el estudiante encuentra, aprueba. En la fachada del patio no suele haber nadie concentrado en sus figuras. Sin embargo, en ella  se encuentran  los tres pecados del estudiante. El más llamativo está en la parte central, hacia la derecha. Un hombrecillo con un pene desproporcionadamente grande se está masturbando feliz.

En los edificios que rodean el patio había una exposición con objetos antiguos y rarezas encontradas entre los muros de la universidad, como “el cielo de Salamanca”, frescos de una cúpula encontrada en un falso techo e infinidad de esferas celestes del siglo XIX.

Mujer en la ultima cena...

También, frente a la universidad, está el Museo de Salamanca. Su entrada es independiente a la del centro y contiene desde verracos y elementos de la ancestral tribu vetton hasta cuadros de diversas épocas. Entre ellos dos en los que puede apreciarse claramente a una mujer entre Jesús y sus apóstoles tanto en la última cena como a su llegada a Jerusalén, donde incluso está ataviada con una túnica roja idéntica a la de Cristo en un Anónimo del XVII expuesto en la sala superior.

Entre los lienzos modernos me encantó “El Hombre del Paraguas” de Lanero Martín, “don Miguel Unamuno Paseando”, de María Cecilia Martín Iglesias. En la parte inferior del edificio había una exposición temporal sobre trashumancia y vías pecuarias en Salamanca. De ella me quedé con un dicho: “Visto el Pastor, visto el Chozo”.

subiendo la escalera del saber
subiendo la escalera del saber

Por último entramos en parte de los 8 siglos de historia de Salamanca, su universidad. Llama la atención lo pequeña que es la sala donde se elige rector e inaugura el curso. Como el Congreso de los Diputados, es enana comparada con su aspecto en televisión. Nos hizo ilusión subir los peldaños de la escalera del saber, llegar al umbral de la antigua biblioteca y sentarse en un pasillo para imaginar el bullicio de estudiantes de siglos atrás. Así nos dieron las dos de la tarde.

Para comer regresamos a los dos bares donde nos atendieron estupendamente el día anterior y donde ponen unas tapas de vicio. El Bardo, junto a la Casa de las Conchas, con su camarero gruñón, experto en el tiro de caña, y el Patio Chico (o Ruta de la Plata), donde sirven de tapas hamburguesitas hechas con filetes rusos y una morcillona picante y sabrosa.

huertocalixto A la hora del café paseamos por primera y última vez por los jardines de Calixto y Melibea, donde está también la posada de los peregrinos que marchan hacia Santiago de Compostela.

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