Cosas que Ver en Valencia: un Dragón, la Virgen de los Partos y el Palacio Dos Aguas

Palacio de Dos Aguas

Desde la plaza de l’Ajuntament (a donde llega la Estación del Norte e infinidad de autobuses urbanos) hasta el Pont de la Trinitat, uno puede descubrir auténticos tesoros de Valencia que nada tienen que ver con la publicitada Ciudad de las Artes y las Ciencias. Desde la plaza, tomando el carrer de les Barques, hasta llegar al Poeta Querol, uno puede acceder a la plaza del Colegio del Patriarca del Corpus Christi.

La iglesia del “dragón” disecado que mató un judío y cuelga de la pared

La iglesia del Corpus Christi está llena de frescos preciosos, aunque lo que más me llamó la atención fue que tuviera un cocodrilo disecado colgado de la pared de la entrada. Junto al mismo, explican que se trata del Dragón del Patriarca. Un monstruo terrible que se comía a los labradores de la huerta hasta que lo mató un judío, quien vestido con una brillante armadura, logró cegar al temido animal clavándole una lanza de costado a costado. Como premio, la iglesia le perdonó todo pecado al converso… o así lo hicieron creer.

El "dragón" petrificado entre frescos que narran la vida de Jesús en la iglesia
El “dragón” petrificado entre frescos que narran la vida de Jesús en la iglesia… que en realidad fue un bebé caimán crecidito que un virrey regaló al arzobispo de la ciudad

El palacio del Marqués de 2 Aguas que sería Versalles si tuviera un gran jardín

El palacio, un edificio muy chulo que hoy alberga el museo nacional de cerámica
El palacio, un edificio muy chulo que hoy alberga el museo nacional de cerámica

Tras visitar la iglesia y  su petrificado caimán hay que regresar a la calle Poeta Querol para ver un palacete que solo envidia a Versalles por la falta de jardines. Se trata del Museo Nacional de Ceràmica i de les Arts Sumptuàries Gonzalez Martítremendo. Los mármoles revisten su fachada y figuras musculadas engalanan un pórtico la mar de elegante. El edificio, cuyo nombre original es Palacio del Marqués de Dos Aguas, fue el solar de la familia Rabassa de Perellòs allá por el siglo XV, si bien los sucesivos herederos del Marquesado fueron incorporándole estancias hasta que se reinauguró en todo su esplendor en el siglo XIX. En el XX, sin embargo, el inmueble sufrió graves desperfectos hasta que a propuesta de quien ahora da nombre al Museo se abrió éste en 1954.

El interior es lujo desde el suelo hasta el techo y entre ambos, se exponen piezas únicas realizadas con teselas y diversas cerámicas de varios siglos (incluso sillones y chimeneas muestran decorados con ellas). También alberga el museo un espacio para lo que parece el carruaje de Cenicienta. Vaya, que merece la visita para todos los públicos aunque no lo sugiera su uso, a priori poco atractivo para el público en general.

El museo abre de martes a sábado mañana y tarde (cierra de 14 a 16 horas para el almuerzo). Domingos: de 10 a 14 horas. Entrada: 3 euros (jubilados gratis).

La catedral que consigue buenos partos y las horchatas con más de 100 años

A 5 minutos andando del Palacio de Dos  Aguas se llega a la Plaza de la Reina, de donde parten los carros tirados por caballos que recorren Valencia al más puro estilo ‘turista americano’. (Creo que la mayoría pasamos a su lado como si no los viésemos pensando en el fondo que nos encantaría que nos dieran una vuelta). Pasados los corceles está la catedral, “la madre de la comunidad cristiana en Valencia”, según reza su folleto. Añade que aunque no es un museo tiene muchas cosas que merece la pena ver, como sus vidrieras o sus pinturas.

La Catedral de Valencia

Podría contar que como tantos templos se hizo sobre uno romano, que siglos tras la Reconquista se le puso cimborrio, campanario llamado Micalet y más salas, o que la entrada se llama Puerta de los Hierros, pero lo que más me llamó la atención fue ver a una embarazada, con la barriga que parecía que iba a dar luz ipso facto, dando vueltas y vueltas por la catedral con estampita y vela.

Micalet

Resulta que hay una tradición que dice que justo antes del parto, para que todo salga bien, hay que ir a la catedral y pedir en la taquilla del Micalet la oración y la vela (a cambio de “la voluntad”). Con ella, la inminente parturienta ha de dar rezando 9 vueltas -una por mes de embarazo- y parar cada vez que pase frente a la Virgen del Buen Parto. A ella debe leerle la oración de la estampita. La vela se la lleva apagada para encenderla cuando se ponga de parto.

Para los no embarazados está la subida al Micalet: 200 peldaños altísimos (dicen que son 207) para ver toda la ciudad (entrada: 2 euros).

A la salida, para tomar fuerzas, recomiendo una horchata en algún lugar con historia. Recomiendo 2: “Horchatería Santa Catalina” y “Horchatería El Siglo”. Están a escasos 40 metros de la catedral,  junto a la iglesia y torre de Santa Catalina, un templo lúgubre y oscuro que puede atravesarse para llegar a las callejuelas traseras. En ellas hay comercios donde encontrar un buen vinilo, el libro que llevabas años buscando y el Levis de COU que no pudiste comprar en el escaparate de una moderna tienda de segunda mano.

Plaza de la Virgen, con la iglesia de los desamparados y la catedral al fondo
Plaza de la Virgen, con la iglesia de los desamparados y la catedral al fondo

Callejeando se llega en un pis pas a la plaza de la Virgen, junto a la iglesia de los Desamparados, donde es interesante ver el “culo” trasero de la catedral, redondo y lleno de arcos. El lugar siempre me recordará al Accidente del Metro de Valencia. Cruzando la plaza, por la calle Navelles, se llega al río y a la casa de los caramelos. Un lugar no apto para diábeticos.

Casa de los Caramelos, Valencia

Desde ella, cruzando por el puente que hay a su derecha, se ve el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Museo de Bellas Artes de Balencia
Museo de Bellas Artes de Valencia
Cuadro: Amor de Madre
Cuadro: Amor de Madre

La entrada es gratuita y en él hay cuadros de autores como Van Dyck, Velázquez, Goya, Murillo, Sorolla, o Antonio Muñoz Degraín, de quien me encantó su “Amor de madre”.

El museo tiene varias construcciones. En el Pabellón Benlliure está el Mausoleo de Joselito, en cuyo interior se puede ver la pieza de yeso idéntica que el escultor creó para hacer el monumento funerario que recuerda al diestro (cuyo original está en el cementerio de San Fernando de Sevilla).

El patio del palacio del Embajador Vich también puede verse accediendo desde el museo. Se trata de un patio reconstruido entre los años 2005 y 2006, tras haber sido vendido y sus mármoles desmontados a mediados del XIX.

Al salir, la hora del almuerzo se nos ha echado encima, así que hay que dejar para la tarde -en mi caso para otro post- el paseo por dos de Los Jardines Más Bonitos de Valencia

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