Buscando a Dulce. El Círculo de Bellas Artes. Madrid

El Círculo de Bellas Artes y el primer libro de Dulce Chacón
Estatua que corona la terraza del Círculo de Bellas Artes

Te sientes bien. Entrar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid es sinónimo de expectación. De descubrimiento. De buenos comienzos. El Círculo, que no ha sido ajeno a la crisis, aún es lo que fue. Un lugar de encuentro de gente que es o que le gusta sentirse por un día  interesante. Gente que le gusta ver una exposición, una obra de teatro y también sentarse a tomar un café donde lo tomaron escritores y artistas de renombre para imaginar lo que veían.

Para mi el Círculo tiene también nombre de mujer. El Círculo es Dulce y por extensión, o ascensor, Inma. Me descubrió este lugar de poesía la escritora Dulce Chacón cuando escribió -y autoeditó 500 ejemplares- “Querrán ponerle nombre“. Entonces era una desconocida, una mujer en paro, madre de tres hijos, que al fin se creía que con dos palabras podía partirte el corazón.

Sala Columnas Circulo Bellas Artes donde Dulce Chacón presentó su primer libro
Sala Columnas Circulo Bellas Artes

Fue en la sala de las columnas donde presentó aquel pequeño gran libro de versos pequeños y contundentes como dardos. Aquel espacio fue también donde presentaría otras obras, como “Contra el desprestigio de la altura“, en el que María (su hija) y una servidora nos vestimos de forma bastante rara para, con plumas por la cabeza, ir lanzando más plumas al personal como parte de la puesta en escena.

Donaciones para el Círculo de Bellas Artes a través de un fotomatónAl Círculo de entonces no pagábamos por entrar. Hoy si. El acceso al edificio y a la cafetería “La Pecera”, un restaurante super bonito, cuesta 1 euro, si bien a la cafetería también puedes acceder desde la calle. Si quieres visitar además la azotea la entrada cuesta 3 euros. Y si quieres colaborar con la causa (“en defensa de una cultura independiente, crítica y actual”) por otro euro te haces 4 fotos en su particular fotomatón.

La terraza es una pasada. Se ve casi todo Madrid bajo la vigilancia de una enorme estatua visible desde el comienzo -o el final- de la Gran Vía. Con buen tiempo deben sentar bien en este lugar unas copichuelas. (Está abierta de lunes a viernes de 9 a 21 horas y sábados y domingos de 11 a 21).

Tras la visita, a partir de la penúltima planta bajamos por las escaleras para curiosear. Dan a estancias que estan cerradas al público o a los “no-socios”, como la biblioteca, la sala de billar o la citada sala de Columnas, donde nos colamos (aprovechando que la preparaban para una representación) para cerrar los ojos en ella y escuchar a un Saramago que no entendía y a Dulce…

“La noche se hace cada vez más pequeña, quizás no quepa la luna”

Gracias al ascensor recordaré también cómo conocí a Inma. Tras aguardar largo rato en la planta baja para poder cogerlo con mis amigas y Dulce, ésta prefirió aguardar al siguiente turno. Para mi sorpresa, en cuanto se abrieron las puertas en la planta superior me topé con su rostro. Descansado. Sonriente. Como si no hubiera subido corriendo varias plantas de sopetón. Tampoco llevaba sus pendientes azul turquesa. “¿Pero Dulce, cómo has subido?”. Pregunté. Y ella, riendo como la otra Ella que era, dijo. “¡Que yo soy Inma, la hermana gemela de Dulce”, echándose a reír. Hoy Inma también es escritora. Yo soy una de sus más fieles lectoras. Y mi amiga María, la de las plumas, es una sirena que pasa los días en el planeta azul.

inma

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