Dumbarton Castle, la Roca sobre el río Clyde -Escocia

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Es difícil decidir qué castillos hay que visitar en Escocia. La tierra de los ancestrales clanes está llena de ellos. A una hora aproximada en coche, desde Edimburgo, está hacia el norte  Blackness y el Palacio de Linlithgow. Al noroeste, a hora y media de la capital, parada obligada es la antigua abadía de Sant Andrews. Y hacia el Este, a una hora aproximada de Glasgow, no hay que perderse el de Dumbarton.

Dumbarton Castle corona un peñón prominente que recuerda a Gibraltar. En vez de vigilar el estrecho es el vigía del acceso naval por el río Clyde. Su estratégica e inaccesible ubicación que fue aprovechada por moradores de hace más de 1.500 años y en las excavaciones realizadas en su interior han hallado restos de romanos y, por supuesto, restos vikingos, que lograron tomar el enclave tras sucesivas incursiones y 4 meses de sitío.  Entonces el enclave era conocido como Alt Clut, la “Roca de Clyde”, aunque más tarde cambió su nombre por Dumbarton, nombre surgido de la contracción de “Dun Breatann” (en gaélico fortress of the britons).

Tras pasar la puerta, se llega a la batería de cañones dedicada al rey Jorge II, con unas vistas agradables de todo el río. Después está la casa del Gobernador, rehabilitada, dicen que en ella vivió quien traicionó/atrapó a William Wallace, y es el lugar donde compras los tickets de acceso y donde puedes ver, en una pequeña sala, las cruces vikingas encontradas en las excavaciones arqueológicas.

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La parte superior de la casa no es visitable, de modo que se prosigue el ascenso por empinadas escaleras de roca que llevan un fabuloso arco llamado Portcullis. Cuando lo ves estás seguro de estar entrando en la ciudad de los Elfos.

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Tras él solo hay más escaleras que llegado a un punto se bifurcan para ir a los dos puntos más altos del castillo. Uno es el lugar donde se izó la ya inexistente White Tower. El otro conduce al lugar donde estuvo la prisión francesa, construida en tiempos de Napoleón, la torre de Wallace, y el almacén de pólvora, en el que se puede entrar pero donde no hay nada especial.

Lo verdaderamente alucinante es todo lo que se ve desde esta cima. Con la bandera escocesa ondeando orgullosa en la cima gemela de la torre blanca, desde ésta tienes toda la entrada a Escocia por el río bajo tu mirada. Cuentan también que esta localización la hizo no sólo útil en las guerras contra los vikingos que llegaban de Dublin sino contra los noruegos.

Entre las anécdotas del castillo dicen que William Wallace pudo ser uno de sus prisioneros , pues su captor fue de ello el guardián de este castillo. Robert the Bruce murió aquí, junto al río Leven, al otro lado del castillo.

La torre de Wallece lleva su nombre en su honor. El castillo era uno de los pocos lugares que se mantuvieron inexpugnables para los escoceses y por eso en ellos se escondieron el hijo de Bruce asi como Mary, la reina de los escoceses, hasta que fueron rescatados por los franceses entrando en barco por el río.

Próximo a este castillo también está el de Newark, aunque hay otro lugar más mágico: el parque Benmore, el de los árboles gigantes y centenarios.

Por todos los flancos se encuentran cañones defensivos dedicados a duques o príncipes de Gales,

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