Dubrovnik, el Crucero avanza por el Adriático

tore del reloj de dubrovnik

Desayunamos con calma, pues quedaba trecho para llegar a Dubrovnik  (Croacia) que está a 309 millas náuticas de Venecia. El primer día, de las tres excursiones que ofrecían -Gran Tour de Dubrovnik, “Dubrovnik al completo” y “Dubrovnik y paseo en barco”, habíamos reservado la segunda. No nos equivocamos.

Mapa de Dubrovnik

El puerto donde atracamos está alejado de la ciudad y con la excursión pudimos ir en autobús hasta ella (aunque siempre hay taxitas ansiosos en el puerto esperando  a los turistas). De camino paramos sobre el nuevo puente del río Dubrovnik para ver las vistas y tomamos fotos de la península de Lapad, el puerto de Gruz y el archipiélago Elafiti. Después, por la carretera de la costa, paramos una penúltima vez para ver en la distancia el casco histórico de Dubrovnik y sus impresionantes murallas medievales.

Dubrovnik

La última parada sería a sus puertas, en concreto junto a la de “Pile”, desde donde partiría la visita a pie por la Ciudad Vieja, desde la calle Stradun, una “gran vía” que está rodeada de edificios de finales del Renacimiento reconstruidos tras el Gran Terremoto de 1667. Bueno, tras el Gran Terremoto, y tras la terrible Guerra de los Balcanes. El día de San Nicolás, un 6 de diciembre de 1991, Dubrovnik, sufrió un ataque brutal por haber votado a favor de una república croata independiente de Yugoslavia. Durante meses fue víctima de un asedio por tierra, mar y aire que además de dejar muertos, dejó una ciudad llena de metralla. Para el 93, según estimó la UNESCO, se necesitarían más de 9 millones de dólares para rehabilitar lo destrozado.

Hoy todo es viejo pero recién restaurado y no por nada llaman al enclave la “perla del Adriático”, declarada Patrimonio de la Humanidad.

En la calle Stradun

En la calle Stradun nos esperaba un afable croata que hablaba un castellano fabuloso. Nos habló de su pueblo, puerto medieval que adquirió riquezas gracias al comercio de la Edad Media hasta el punto de llegar a funcionar casi como un estado. Nos recordó cómo se fundó, con la unión de dos pequeñas ciudades llamadas Laus y Dubrava (que fue un asentamiento eslavo en lo alto de la montaña). Nos explicó el porqué de su doble muralla con 20 torres y bastiones: para estar a salvo de las incursiones que llegaban del mar y destruían sus casas. Y nos contó que con aquella muralla, la plaza (llamada por entonces Ragusa) se hizo durante mucho tiempo infranqueable, siendo durante años gobernada por una democrática y singular república cuyo gobernador era elegido para periodos de 1 mes. “Ningún estado del mundo cambiaba tanto y era por miedo a que uno solo tuviera demasiado poder”. Aún hay una placa que reza: “Olvídate de tus preocupaciones privadas, preocúpate de las públicas”… Tiempos mejores, desde luego.

Tejados de Dubrovnik desde sus murallas

La visita la inició recorriendo aquellas murallas que hace dos décadas recorrían ávidos los reporteros para cubrir la fatal guerra. De ella solo quedan inmaculados tejados de tejas rojas, como recién estrenados.

persianas

Después bajamos de nuevo a ras del suelo, camino a San Blas, la iglesia barroca del XVII que está construida sobre una antigua iglesia romana y que nos dijeron que fue el edificio más importante antes del terremoto. “Aún pensamos que protege la ciudad”,  explicó el guía, quien añadió que fue un veneciano quien la construyó, el mismo que daría la voz de alarma ante el ataque de sus paisanos a la ciudad. Mientras el croata hablaba, nosotros nos íbamos fijando también en otras particularidades de las casas, como las persianas, que allí son de tablillas que se abren a ambos lados y que se parten en dos. Ensimismados con ellas nos perdimos a cuento de qué nos soltó el siguiente dato, que tampoco deja de ser singular: “El antebrazo medía 51 centímetros, y era el tamaño oficial de la república de Dubrovnik…”.

Tras la catedral visitamos el Palacio del Rector, obra maestra de la arquitectura Dálmata (que yo ni sabía que existía un estilo con tal nombre); y el monasterio Dominico y su iglesia, ambos del XIV, donde hay una biblioteca más que respetable. He de decir aquí que no soporto a los españolitos que no entienden “no sacar fotos con flash” ni “guardar silencio”. Algunos, como paletos, nos hicieron pasar vergüenza ajena en todos estos lugares.

Visita a la iglesia de Dubrovnik

Visitamos la calle de los Judíos, “muchos llegados de España”, y luego nos perdimos por las callecitas medievales aprovechando las 2 horas libres que nos restaban en el lugar. Paramos a tomar una “pivo” bien fresquita en un bar de parroquianos croatas, visitamos el pequeño puerto, redescubrimos ruinas aún no reconstruidas y salimos de la ciudadela para hacer fotos de la fortaleza desde el exterior.

la fortaleza desde fuera

Luego, a la hora convenida, regresamos a la puerta de Pile para volver en autobús al barco, despidiéndonos de esta fortaleza que… ojo, hoy día también permite al turista que lo desee recorrerla desde la perspectiva de la serie Juegos de Tronos…

De vuelta al barco hicimos una paradita en el bar para tomarnos una copichuela (incluidas en el todo incluido), reservar la siguiente excursión (a Santorini), pegarnos una duchita, descansar algo y cenar. La cena se toma cada noche en la misma mesa y con los mismos comensales, lo que para ese rato de socialización no está mal. Después, nos fuimos “de marcha” al otro bar y a la discoteca. Al día siguiente no había que madrugar. Nos tocaba jornada “de navegación”.

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