Durante los dos últimos fines de semana de febrero se celebrarán en Benidorm las Jornadas de la Cuchara, el primer evento gastronomico que organiza la ciudad turística bajo el paraguas de la marca «Benidorm Gastronómico». Junto a ella, el calendario … Continúa leyendo Jornadas culinarias «Benidorm Gastronómico» 2016
Dicen de ella que es eterna, majestuosa, imperial, pero lo evidente es que Roma es de esas ciudades que debes visitar al menos una vez en la vida. En ella descubres cosas nuevas cada vez que vas. Tiene el encanto y el poder de llevarte al pasado, de vislumbrar como era la vida en época del imperio. Pero más allá de lo turístico, se encuentra lo histórico y/o lo artístico.
Roma es de esas ciudades en las que el paso de la historia, su historia, se hace evidente a cada mirada que el viajero da. Recoge lo que su esplendor dejó al mundo, un imperio del que tras su caída Europa quedó aletargada en una época oscura donde todo se fue desmoronando. Roma nos muestra esa grandeza que tuvo antaño y como desapareció poco a poco. Como pasó de una organización excepcional en todos los aspectos al caos que llevó a las invasiones por norte, sur y este.
Toda su historia se puede observar en los lugares típicos pero, en la Roma eterna, pero existen esos lugares, diríamos, ocultos o secretos que pueden pasar desapercibidos al turista ávido de recorrer lo que aparece en guías y postales.
Comenzamos el recorrido en la puerta de San Sebastián y seguimos por una de esas vías a la que casi no se le da importancia más allá de ser el camino a varias catacumbas. Se trata de la Vía Appia Antica. Hay varias maneras de recorrerla desde el autobús urbano (recordamos que los billetes se compran en estancos no en el mismo autobús), andando (quizás demasiado cansado para ver mucho de Roma) o en bicicleta (en Roma hay varias tiendas de alquiler en el centro).
Lo, digamos, interesante comienza más allá de las catacumbas, donde entre el paisaje actual se entremezclan restos de las antiguas y lujosas villas romanas que sembraban la principal vía de acceso a la ciudad, os podemos asegurar que el mero hecho de preparar el recorrido desde casa ya dan ganas de estar allí. Al principio nos encontraremos con la iglesia Domine Quo Vadis, se dice que se construyó en el mismo lugar en el que Jesús se le apareció a San Pedro, en ella hay una losa con dos pies que dicen son los de Jesús.
Unos metros más adelante se encuentran varias catacumbas, cada una tiene su importancia y por ellas mismas unas horas de visita que recomendamos hagáis en otro momento. Se trata de las de Calixto, San Sebastián y Domitilla. Lo dicho cada una tiene su importancia y sus horas para verlas.
Siguiendo camino nos encontramos con el Circo de Majencio, hoy no queda mucho pero sirve para imaginarse como era un circo romano (posiblemente el más importante después del circo Máximo) Lo siguiente es el Mausoleo de Cecilia Metella, data del año 50 a.c.
Más adelante nos espera la impresionante Villa de Quintilio, un lugar que no deja indiferente pues los restos nos muestran una villa romana de gran esplendor. La villa tenía teatro, hipódromo y estadio y fue arrebatada por el emperador Cómodo a la familia.
El recorrido puede seguir, la vía Appia Antica “solamente” tienemás de 500 kms, nosotros hicimos unos 7kms y decidimos volver para descubrir lugares nuevos. Continúa leyendo «Ruta por la Roma ignota»
El lugar más mágico en el que he recibido un año nuevo es Edimburgo. Todas sus leyendas, su historia, su alma y sus tradiciones reciben estos días a miles de personas en una fiesta que dura varios días, la denominada Hogmanay, de la que uno sale con el corazón escocés.
Es difícil describir el sentimiento y la adrenalina que recibes en uno de los primeros actos que despiden el año. Hablo de la Procesión de las Antorchas que tiene lugar el 30 de diciembre (y que arranca a las 19 horas desde lo alto de la Royal Mile, en George IV Bridge).
Cientos de personas, con sus trajes típicos se concentran para avanzar por la “milla real” portando grandes antorchas que prenden tu imaginación y tu expectación. Durante hora y media desfilan hasta Princess Street para terminar en Calton Hill, donde se lanzan fuegos artificiales. Solamente ver y seguir la procesión (tras ellos, no puedes mezclarte entre quienes portan antorchas), merece la pena; pero si además quieres desfilar como un escocés más puedes alquilar la antorcha comprándola a las dos de la tarde del mismo día en West Parliament Square.
Finalizada la procesión lo mejor es tomar un par de pintas e irse pronto a la cama para estar frescos para el día siguiente. No hay un lugar donde haya más fiestas multitudinarias el día 31 de diciembre que Edimburgo.
La más popular es la “Street Party”, un fiestón que se organiza en Princess Street y calles adyacentes en la que hay que comprar antes el tiquet (como en todas). La entrada general son 25 libras, y con ella puedes acceder a la zona, bares y atracciones que abren desde las siete de la tarde (importantísimo recogerla pronto porque no se puede entrar después de las 23 horas).
Aunque es muy importante ir muy abrigado (al menos un buen plumas) porque casi todas las atracciones son al aire libre y hace un frío que no se aguanta ni bailando hasta la una de la mañana, cuando dan las doce y cruzas el umbral del nuevo año entras en calor. Desde el castillo el cielo se ilumina y en un momento te ves rodeado de abrazos, compadreos, besos con lengua como no estés atento y el canto al unísono de Auld Lang Syne.
Street Party. Chris Watt
La fiesta tiene hasta cuatro áreas con diferente música (escocesa tradicional, alternativa, pop…), y hay algunos eventos con entrada especial: una para el concierto que se hace en el parque de Princes St. (ya agotadas para esta nochevieja, que toca Biffy Clyro); el concierto a la luz de las velas en la catedral de St.Giles (también se agotan las entradas muchos días antes, incluido este) y la denominada “Keilidh, en la que ya casi te “haces escocés”. Y es que la “Keilidh básicamente es una pista donde se bailan danzas gaélicas tradicionales y a donde te invitan a ir vestido de escocés (aún quedan entradas).
No la esperas. No encuentras en ella la revolución soviética. No encuentras a simple vista rastros de Leningrado. San Petersburgo es tan imperial que ni en los sueños de quien la ideó, el zar Pedro El Grande, hubiera sido tan espectacular. Tan monárquico. San Petersburgo es una ciudad de grandes avenidas y de edificios neoclásicos enormes, de idéntica altura y estructura y de diversos colores. Sólo de manera esporádica se cuela algún edificio gris con hoz y martillo… apenas sombras.
La mejor manera de visitar San Petersburgo es hacerlo un fin de semana. En este post contamos qué visitar un día en San Petersburgo, y consejos para el segundo.
Contratar una guía facilita mucho las cosas, sobre todo para dedicar la mañana a recorrer la ciudad con alguien que cuente sus curiosidades. Contactamos con una guía, con un grupo, llamada Daria (guardamos el contacto). Nos mostró su San Petersburgo natal bajo la batuta de su girasol mientras hablaba con el acento de los rusos de las películas. San Pietiersburgo tiene 5 millionies de habitiantesss… es la ciudad más griande de Rusia diespués de Mioscú… 😉
“La gran San Petersburgo se hizo sobre el papel, bajo los trazos de un solo arquitecto”, segúncontó Daria. “A él Pedro I El Grande encargó su diseño cuando decidió formar una gran ciudad tras ganar a Suecia la Guerra del Norte”. Daria se refería al arquitecto Dominico Tresini, quien trazó las imponentes avenidas en las que más adelante el renacentista Leblond izaría muchos de sus edificios.
El zar creó una ciudad en medio de un clima hostil, en medio de un territorio pantanoso, de un cielo triste (sólo tienen 60 días de sol al año) al que quiso combatir con la imposición de colores vivos en las fachadas “para que sus habitantes no se deprimieran”.
La visita a San Petersburgo la iniciamos en el muelle de las Esfínges egipcias que guardan la ciudad junto al río Neva (originarias del templo de Tebas del faraón Amenhotep III). El agua es protagonista en esta ciudad, llena de canales sobre los que hay hasta 22 puentes, 14 levadizos , que se levantan a la una y media de la madrugada permaneciendo así hasta las 5 (menos en invierno, que al estar los ríos congelados no hace falta izarlos porque los grandes navíos no pueden navegar).
Escuela Naval
Próximo al muelle está el palacio de Pedro III, reconvertido en la facultad estatal de Filología. Tras un corto trayecto en autobús se ve el viejo astillero amarillo, hoy escuela Naval, y la gran catedral ortodoxa de estilo católico, que fue sede del Museo de Ateísmo durante la Revolución, Nuestra Señora de Kazan.
Está llena de iconos, cuadros con imágenes de Vírgenes y santos y a su alrededor un montón de beatas con la cabeza cubierta se reverencian al llegar a ellas varias veces antes de acercar sus rostros tan cerca que parece que les rezan al oído.
Hay también muchas mujeres de negro riguroso, menos los pañuelos de sus cabezas, que arrodilladas sacan lustro enérgicamente al bronce de las peanas que soportan imágenes o velas finísimas como cerillas.
Al fondo a la derecha llegamos a una cruz y junto a ella nos topamos con tres inesperadas urnas. En una,estaba lo que supuestamente es trozo de la corona de espinas de Jesús. En otra, un trozo de la madera de la cruz (dicen que si se unieran todas las partes diseminadas por el mundo podría construirse una catedral); y por último, lo más asombroso, en una vitrina la sábana Santa de Turín (o al menos su réplica).
Inmersos en el mundo religioso continuamos hacia la Catedral de San Nicolás. Por el camino Daría nos explicó la principal diferencia que hay, según ella, entre las religiones católica y ortodoxa. “Nuestra Navidad es el 7 de enero y nuestra Pascua dura dos semanas y no veneramos la Cruz sino las imágenes”. Así dicho no suena muy diferente.
Las cúpulas de cebolla de la catedral de san Nicolás son azul celeste. La iglesia está junto a un parque y su campanario está separado del edificio principal a unos 20 pasos. El interior pequeño, aunque también es denominada catedral, al igual que todas las demás que cuentan con un púlpito.
Un joven ruso, también vestido de negro, vigila en el interior que no se hagan fotos y no se corta en echar a quien incumple la norma. Ojo, en verano no se permite entrar a mujeres con tirantes u hombres en pantalones cortos.
La Sinagoga de San Petersburgo
Tras pasar de largo por la única sinagoga de San Petersburgo (abierta al público) y hacer lo propio en el puente de los besos sobre el río Moika, para garantizar el amor eterno, fuimos a la catedral de San Isaac, la más grande de la ciudad. Desde los años 30 es un museo y puedes visitar incluso su cúpula.
Junto a la plaza de San Isaac hay un muelle del que parten barcos para seguir recorriendo la ciudad por sus canales. En nuestra visita incluimos una hora en uno de los barcos y fue un acierto porque ves la ciudad desde otra perspectiva.
catedral de San Isaac
Aunque dicen que en San Petersburgo solo hay sol 60 días, empeorando la humedad que alcanza el 80%, disfrutamos de un paseo muy agradable con un solazo que nos permitió ir en la cubierta exterior. Desde ella vimos imponentes edificios, la mayoría rehabilitados.
La corte entera se trasladó a la ciudad y por ello abundan palacios y pisos enormes construidos para los futuros habitantes. Tenían hasta 10 habitaciones, muchos construidos durante el mandato de la hija de Pedro El Grande, Isabel, adicta a la opulencia y lo barroco según nuestra guía. Cuando en San Petersburgo despertó la revolución rusa, los nuevos gobernantes, bolcheviques, convirtieron los pisazos en miniapartamentos de una habitación cada uno. Al contarlo recordamos la película Spanski, buenísima.
Pasando por segunda vez por el puente de los besos, esta vez por debajo.
Desde el barco vimos la estatua más pequeña de San Petersburgo, la del jilgero de 11 centímetros,el Palacio de Invierno, y atravesamos casi a ras del cogote los puentes de hierro de colores. El motivo de sus colores era para facilitar a la gente que no sabía leer el poder guiarse por la ciudad. “Cerca del puente verde, del puente rojo…”.
Las excursiones en barco duran más o menos una hora. Cuando bajamos, fuimos a la plaza de San Nicolás, que la preside sobre un caballo que se sostiene solo sobre dos patas traseras y que no significa nada. Continúa leyendo «Qué visitar durante un día en San Petersburgo»
Sobre las 13.30 horas se desactivaba hoy en Benidorm la alerta ante la llegada de un pequeño tsunami.
Sobre las 12:45, los efectivos de emergencias de la playa comenzaban a desalojar la playa de Levante, después de que minutos antes el Centro de Coordinación de Emergencias (CCE) de la Generalitat Valenciana activara el Plan Territorial de Emergencia por riesgo de tsunami a consecuencia del terremoto registrado en Grecia de 6,1 grados de intensidad en la escala Richter.
Inicio del desalojo por alerta de tsunami en Benidorm
La autoridad portuaria informó a los clubes naúticos y Ayuntamientos para activar el protocolo de emergencia. En Benidorm, donde la playa de Levante estaba hasta la bandera, han empezado a desalojar a la gente diciendo que como mínimo se quedaran fuera de la arena, aunque a algunos turistas les indicaron que mejor se fueran a sus hoteles. Continúa leyendo «Cancelada la alerta en Benidorm por el Tsunami»
Desde hoy y hasta el domingo Benidorm celebra sus fiesta más ancestral: la “festa de la Carxofa”. No deja de resultar curioso que en un municipio donde la agricultura no existe (más allá de algún huerto particular y de unos futuros huertos para urbanitas), su fiesta de más solera tenga como icono una alcachofa. El motivo es que la celebración se remonta a antes de la Guerra Civil, mucho antes de que Benidorm se convirtiera en una urbe turística.
Según cuentan tienen su origen en un mercado de abastos que se celebraba antes del 36 en la plaza de la Constitución. Su nombre venía de lo que más se vendía: alcachofas (cultivo principal de la desaparecida huerta) y también había otras fiestas dedicadas a alimentos como «la del Pepino», en la calle San Roque.
Las de la “Carxofa” las organizaban unas mujeres apodadas “las filomenas” que tenían una tienda de verdura, según me relató el festero Miguel Rosera hace unos años para el Diario Información. Fue él, Juan “El Calpí” y Miguel “Corrillo” junto con amigos quienes refundaron las fiestas… no después de la guerra, sino varios años después de la muerte de Franco.