La elegancia de la ciudad de Alcoi, con sus edificios modernistas y su ejemplar pasado industrial, está acorde con el imponente paisaje natural. Destaca en él el Parque Natural del Carrascal de la Font Roja, un bosque generoso y frondoso que en coche está a solo 15 minutos del centro. Su «centro de interpretación» está a 11 kilómetros del casco urbano «partiendo por la carretera AP2001 de acceso a la Font Roja situada a la salida de Alcoy en dirección Alicante por la N-340», como bien indica su web de turismo. El centro no tiene gran interés en su interior, pero … Continúa leyendo Alcoy y su font Roja (Día 2)
Ocupada desde tiempos inmemoriales,Alcoyo con «i» latina según gusten, es una de esas ciudades que te cala por varios motivos: su entorno, su historia, su cultura, su gente… La vista que se presenta nada más pasar el valle es espectacular, rodeada de verdes montañas se aprecia toda la ciudad como colocada con mimo, tranquila, sosegada.
Barranc del Sint por donde apareció San Jorge
Se llega (si se viene de Alicante) por el conocido como “Barranc de la Batalla”, lugar donde tuvo lugar la batalla entre moros y cristianos en la que el caudillo moro Al-Azraq quiso reconquistar la ciudad y donde, según la leyenda, San Jorge se apareció en su caballo lanzando flechas para ayudar a los defensores cristianos, impactando una de sus saetas en el propio Al-Azraq. Todos los años, a finales de Abril la ciudad reproduce estos acontecimientos históricos en susfiestas de Moros Y Cristianos declaradas de Interés Turístico Internacional.
La visita la iniciamos en el Centro de Interpretación Turística de la ciudad, llamado Explora (1€), donde la muestran desde sus orígenes dando un recorrido por su vasta historia, su cultura y sus tradiciones. Se trata de una perfecta carta de presentación de lo que Alcoi nos iba a mostrar. Tras recorrer las instalaciones de la otrora fábrica textil y descubrir al amado tanto por niños como mayores “Betlem de Tirisiti”, encaminamos nuestros pasos al Museo Provincial de Bomberos.
Vistas desde el centro de interpretación del puente de San Jorge
Hace muchos años hice un cursillo de buceo en la isla de San Andrés que me quitó las ganas de sumergirme en las profundidades marinas. No es que el curso fuera malo, es que me entró el pánico en cuanto enseñaron los gestos que advertían la llegada de bichos marinos que yo, gracias al cine, siempre he considerado carnívoros en potencia. Total, que las bombonas y yo jamás llegamos al bote, quedándonos en la orilla con las ganas de pulular libres bajo el mar. Desde entonces cada vez que veo un buzo lo miro con interés y quizá por ello … Continúa leyendo Buscando trabajo en otoño a 30 metros de profundidad
En una Valencia cuyos cauces de río son inmensos parques de recreo y donde lo moderno pesa más que el encanto, uno puede pasar de largo sin llegar a conocer sus jardines más bonitos. Por eso, recomiendo al menos no dejar de descubrir dos imprescindibles que están a un paso el uno del otro: Los Jardines de Monforte y los Jardines del Real
jardines de monforte
Los primeros, diseñados en el siglo XIX, invitan a perderse, a leer, a tener citas románticas y a imaginarse en otra época. En ellos encontramos, además de un sinfín de flores y plantas, los dos mansos leones – hechos por José Bellver- que por amables no presiden hoy la escalinata del Congreso de los Diputados. Continúa leyendo «Jardines de Cuento escondidos en Valencia»
Desde la plaza de l’Ajuntament (a donde llega la Estación del Norte e infinidad de autobuses urbanos) hasta el Pont de la Trinitat, uno puede descubrir auténticos tesoros de Valencia que nada tienen que ver con la publicitada Ciudad de las Artes y las Ciencias. Desde la plaza, tomando el carrer de les Barques, hasta llegar al Poeta Querol, uno puede acceder a la plaza del Colegio del Patriarca del Corpus Christi.
La iglesia del «dragón» disecado que mató un judío y cuelga de la pared
La iglesia del Corpus Christi está llena de frescos preciosos, aunque lo que más me llamó la atención fue que tuviera un cocodrilo disecado colgado de la pared de la entrada. Junto al mismo, explican que se trata del Dragón del Patriarca. Un monstruo terrible que se comía a los labradores de la huerta hasta que lo mató un judío, quien vestido con una brillante armadura, logró cegar al temido animal clavándole una lanza de costado a costado. Como premio, la iglesia le perdonó todo pecado al converso… o así lo hicieron creer.
El «dragón» petrificado entre frescos que narran la vida de Jesús en la iglesia… que en realidad fue un bebé caimán crecidito que un virrey regaló al arzobispo de la ciudad
El palacio del Marqués de 2 Aguas que sería Versalles si tuviera un gran jardín
El palacio, un edificio muy chulo que hoy alberga el museo nacional de cerámica
Un lugar que nunca pensamos visitar como turistas y que resultó perfecto para un par de días es Simat de la Valldigna. Ubicado cerca de Gandía, este pueblo valenciano va a su rollo y a su ritmo. Sin hoteles ni casi restaurantes, tiene uno de los monasterios más grandes de la Comunidad Valenciana: el de Santa María de la Valldigna (que puede visitarse mañanas de sábados y domingos, a 3 euros la entrada). En el plano gastronómico son interesantes los embutidos de sus pequeños comercios, algunos típicos como una especie de morcilleta no apta para colesteroles elevados llamada «figatell».
Llegamos a Simat de la Valldigna atraídos por la estética de una casa rural ofertada en el librito del plan de escapadas «La vida es Bella». Al llegar lo primero que vimos fue la caseta de la tourist info cerrada. Sin problema. La dueña de la casa, cuando vino a traer la llave, nos informó sobre todo lo que necesitábamos conocer -y más- sobre el pueblo y sus rincones.
Siguiendo sus consejos tomamos un camino entre naranjos hacia la Ermita de Santa Anna. Construida sobre la que se considera una de las mezquitas más importantes del Reino de Valencia, a simple vista no tiene nada de especial, pero el paseo es bonito. Bonito y corto. 10 minutos se tarda en llegar desde el pueblo. Para hacer «hambre» seguimos pululando por éste para ver otros lugares «destacados»… Para gustos los colores y para el nuestro Simat es de lo más normal y corriente, y sus tesoros, -amén del convento- están en sus afueras, en los senderos que atraviesan sus verdes parajes. Continúa leyendo «Simat de la Valldigna: paseos, Monasterio y «Figatells»»
A los pies de la Sierra Aitana, el macizo montañoso que muestra la nieve cada invierno a los turistas de Benidorm, se encuentra Benifato. Un pueblecito de interior de pocos habitantes que cada año se abre amable a los visitantes en la festividad de su patrón, San Miguel Arcángel. Durante el último fin de semana de septiembre, vecinos y amigos de pueblos del Valle de Guadalest organizan una feria que este año cumple su décimo aniversario. En ella hay todo lo que no encuentras en un supermercado. Aceites recién salidos de la almazara, verduras arrancadas a la tierra, mermeladas caseras … Continúa leyendo La Feria de Benifato está de Aniversario
La Ermita junto al puente del río Cuerpo de Hombre es la de San Antonio y da la bienvenida a los viajeros.Aunque está cerrada, por una mirilla rectangular se puede ver su interior
Además de las casas rurales y el hostal, hay algún piso en el pueblo que se alquila para vacaciones. El nuestro era amplio, con tres alcobas de las de antes, de esas sin ventana o con una horizontal a ras del techo que da al salón. Estaba en la plaza del abrevadero donde antaño se llevaba al ganado. Desde su larga terraza se veía toda la sierra. Tras ella está Extremadura, el Valle del Jerte y la Vera, que dicen envían la Primavera a Montemayor del Ríocada año, correspondiendo éste con el otoño. También desde ella se veían los tejados, el cigüeñal y la casa “del reloj”, justo enfrente, invitando a inventarse historias a lo “la rue del Percebe” retocadas al tiempo medieval.
Desayuné el primer día disfrutando de esas vistas con mi madre y la luz rojiza del reciente amanecer. Zampamos unas rosquillas riquísimas que ella había comprado la víspera en la Bollería Nieves, regentada por dos mujeres campechanas y alegres. Muy recomendables también sus pastas, a años luz en su sabor de las que pueden comprarse en ningún otro lugar.
Nos quedamos pensativas pensando en que después de… ¿décadas? iban a ser las primeras vacaciones en familia. No dejaba de resultar extraño por el momento y por el lugar. Me relató lo ocurrido el día anterior a nuestra llegada.
Hay muchas formas de iniciar un viaje. Una es poniendo en el coche, a todo volumen, “Waiting on a sunny day”, de Bruce Springsteen. La energía positiva inunda el habitáculo y augura una travesía de lujo. Así partimos este verano hacia Montemayor del Río, antaño epicentro de un gran señorío, hoy es un pequeño paraíso perdido entre montañas de Salamanca y Extremadura.
Tras pasar Ávila y sus imponentes murallas uno sabe lo que va a encontrar: relax (without a «cup of café con leche» ;-)). Ver vacas y toros pastando bajo el sol desde el confortable fresquito del coche, deja la mente como en estado de meditación. Pero esa estampa poco tiene que ver con el tramo final. El ganado desaparece junto a los terrenos pelados y toman presencia alisos, chopos y castaños. Árboles altos, esbeltos y frondosos que emergen de forma brutal creando una cueva serpenteante sobre la carretera que llega a la Cruz y la Ermita, principio de Montemayor.